Economy and Trade

Simbiosis: Cooperación para el crecimiento y la competitividad

por Luis de la Calle & Christopher Wilson

Introducción

US MEXICO TRADE

Fuente: Departamento de Comercio de los Estados Unidos, Oficina de Análisis Económico y Oficina del Censo, 2013

Unidos tanto por la proximidad geográfica accidental como por una deliberada integración institucionalizada a través del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), Estados Unidos y México son aliados económicos. En 2012, el comercio bilateral de bienes y servicios alcanzó un nivel impresionante de 500 mil millones de dólares. Para México, el comercio con Estados Unidos es uno de los principales motores de crecimiento económico, con el 80 por ciento de las exportaciones mexicanas adquiridas por clientes estadounidenses. El comercio de Estados Unidos con México representa una proporción mucho menor del total de su economía, pero México es el segundo mayor receptor de las exportaciones de Estados Unidos. Lo más relevante  de esta alianza, sin embargo, es la forma en la que la cooperación entre los países de Norte América promueve un mejor desempeño en el contexto de la economía global. La alianza económica entre México y Estados Unidos tiene el potencial de jugar un rol clave en el fortalecimiento de la competitividad de exportación regional al resto del mundo, misma que aceleraría el ritmo de la  recuperación económica en Estados Unidos y ayudaría a reducir el actual déficit de su cuenta corriente. Con el acuerdo de los presidentes Obama y Peña Nieto, se lanzó el Diálogo Económico de Alto Nivel México-Estados Unidos en septiembre de 2013, y las relaciones bilaterales han otorgado una mayor atención a los asuntos económicos. El hacer de la cooperación económica una prioridad es, en sí mismo, un avance, dados los fuertes intereses comunes que tienen Estados Unidos y México en esta área. Pero al final del día, la iniciativa será evaluada por sus resultados.

Para entender el enorme potencial de dicha cooperación económica, se debe primero apreciar la naturaleza única del comercio entre México y Estados Unidos. Mientras que las importaciones provenientes de la mayoría de los países son lo que parecen—productos extranjeros—Estados Unidos y México  trabajan juntos en la práctica para manufacturar productos cuyas partes y materiales van y vienen de un lado a otro de la frontera hasta completar el producto final, el cual puede ser desde una televisión  de pantalla plana hasta un automóvil. Prueba de esta relación tan especial es el hecho de que, en promedio, 40 por ciento del valor de las importaciones en Estados Unidos que vienen de  México está conformado por partes y materiales producidos los Estados Unidos. A su vez, el contenido doméstico de las importaciones en México provenientes  de Estados Unidos también es muy alto[1]. Esto implica que cuarenta centavos de cada dólar gastado por consumidores estadounidenses en importaciones de México llega a compañías y trabajadores americanos. Canadá también participa en esta alianza económica, pero  este fenómeno no ocurre con países que no pertenecen a Norte América. Las importaciones en Estados Unidos  provenientes de China, por ejemplo, tienen en promedio sólo 4 por ciento de contenido americano. Así, la integración de la economía norteamericana une a ambas naciones estrechamente e incluso ha sincronizado nuestros ciclos de negocios. Cada país gana con avance del otro, y en gran medida nos hundimos o nadamos juntos. Una mejora de la productividad en México, por ejemplo, reduce el costo de productos hechos con partes estadounidenses, haciéndolos más atractivos en comparación con sus competidores asiáticos o europeos y, por lo tanto, aumentan por igual las ventas en el  consumo doméstico y la exportación internacional.

Sin embargo, la competencia mundial es feroz, y hacer de América del Norte una región exportadora neta y balancear el déficit actual de cuenta corriente no será fácil. Las bajas tarifas de trato de nación-más-favorecida han mermado el  trato preferencial dado al comercio intrarregional por el TLCAN; por otra parte, las medidas de seguridad post-11 de septiembre en la frontera México-Estados Unidos han representado nuevos  costos para los fabricantes regionales. El desafío consiste, entonces, en profundizar la integración para fortalecer la competitividad e incrementar las exportaciones, sobre todo a Asia: reto un tanto más crítico dado que el reequilibrio de la economía mundial y la necesidad de desapalancamiento implican que Estados Unidos tendrá que reducir significativamente su déficit en cuenta corriente.

Para ello, la política comercial de América del Norte debe ser ofensiva y enfocarse en la apertura de las relativamente cerradas economías BRIC. Si bien la colaboración México-Estados Unidos en el uso de mecanismos de solución de disputas de la OMC (Organización Mundial de Comercio) o las reglas de manipulación de tasas de cambio del Fondo Monetario Internacional (FMI) pueden ser apropiadas en algunos casos, un enfoque positivo diseñado para incentivar a los países a abrir sus economías probablemente lograría un mayor progreso. Sin un claro camino hacia la conclusión de las negociaciones de la Ronda de Doha en la OMC, el Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica (TPP, por sus siglas en inglés), la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (TTIP, por sus siglas en inglés) y la Alianza del Pacífico (PA, por sus siglas en inglés)[2] han adquirido  mayor relevancia. Estados Unidos hizo bien en apoyar la adhesión de México y Canadá al conjunto de naciones de la Costa del Pacífico negociando el TPP, el cual es un acuerdo  comercial revolucionario. El bloque de América del Norte ahora debe trabajar para diseñar e implementar exitosamente el acuerdo con la intención de que China adopte altas disciplinas de libre comercio. Teniendo en cuenta el hecho de que Canadá, México y Estados Unidos ya están entre los países más abiertos del mundo, estos factores  reforzarían las exportaciones de América del Norte e incluso podrían impulsar mayor progreso al nivel de la OMC, actuando como un multiplicador en términos de promoción de las exportaciones.

Contexto: México: una potencia en desarrollo con una pujante clase media

Mientras que la prensa nacional e internacional ha centrado su cobertura en la delincuencia y en la violencia vinculadas al narcotráfico en los últimos años, México se ha transformado silenciosamente en un país de clase media con bases sólidas para un crecimiento económico estable[3]. Esto no quiere decir que la pobreza sigue siendo un grave problema o que las reformas estructurales profundas no sean ya necesarias—lo es y lo son—pero los cambios demográficos, la estabilidad macroeconómica, el aumento en acceso a servicios de salud, los bajos precios al consumidor debido a libre comercio, y  otros factores han contribuido a una economía mexicana cada vez más competitiva.

Tras la recesión y una contracción económica de 6 por ciento en 2009 como resultado de la crisis financiera y económica de Estados Unidos, la economía mexicana logró recuperarse de esa caída y crecer 5.6  por ciento en 2010, antes de asentarse a un ritmo de entre el 3.3 y 4.0  por ciento de crecimiento, que el FMI espera continuará en el futuro previsible[4]. El sector manufacturero mexicano ha liderado esta  recuperación, y aun después de que el comercio entre Estados Unidos y México cayera 17 por ciento  entre 2008 y 2009, este sector ha crecido a una tasa anual promedio de 16 por ciento entre 2009 y 2011. A pesar de que el comercio bilateral experimentó una desaceleración en la primera mitad de 2013, ya se ha observado una recuperación en el tercer trimestre del año, con un aumento de las exportaciones manufactureras a partir de junio, julio y agosto. Un número de factores, como una mejor capacitada mano de obra en México, el incremento en los costos de combustible, y drásticos cambios en la tasas de cambio, han contribuido a aumentar la competitividad de la industria mexicana al elevar los costos de transporte entre América del Norte y Asia y al disminuir la disparidad en tasa cambiaria vis- à-vis el Yuan chino. Algunos factores externos, fuera del control de México, como la crisis de la eurozona, podrían reducir el potencial de crecimiento del PIB; al mismo tiempo, el consenso en torno a la implementación de reformas estratégicas en varios sectores clave (energía, educación, finanzas públicas) podría sentar las bases para un crecimiento mayor al previsto. A la fecha de publicación de este artículo, el Congreso mexicano ha aprobado las reformas de educación, telecomunicaciones, financiera, política, fiscal y energética. El reto ahora consiste en su correcta implementación, de tal suerte que abran nuevas fuentes de crecimiento que impulsen la economía mexicana, incluso en un contexto internacional adverso.

Contexto : Estados Unidos – Buscando el balance para acelerar el crecimiento

La recuperación económica de Estados Unidos desde la Gran Recesión ha sido lenta, con la tasa de desempleo de 7 por ciento y un crecimiento del PIB real del 3 por ciento  en 2010 y 1.7  por ciento en 2011. Afortunadamente, algunos de los factores que llevaron al resurgimiento de la industria manufacturera en México han tenido una influencia igualmente positiva en el sector industrial de Estados Unidos. Muchas multinacionales se han visto sobreexpuestas al riesgo de la industria china y la producción regional está resurgiendo. Aunado a los altos costos de combustible que han incrementado los costos de transporte, las mejoras tecnológicas y logísticas en la manufactura han hecho que los costos de mano de obra representen una menor proporción de la producción total y así disminuyendo la atracción a salarios abaratados en el resto del mundo.  Por otra parte, los grandes descubrimientos y la explotación de shale gas han dado lugar a precios significativamente más bajos de la electricidad en Estados Unidos. Algunas de las industrias de uso intensivo de gas y energía (acero, vidrio, fibras sintéticas, entre otras) que habían migrado a Asia, volverán a ser rentables en la región.  Teniendo en cuenta estos factores y la naturaleza integrada de la fabricación regional, no es de sorprenderse que al igual que en México, el sector manufacturero estadounidense esté liderando la recuperación de Estados Unidos.

En lugar de dejar esta tan necesitada reindustrialización al azar, Estados Unidos debería promoverla con políticas sólidas para promover el crecimiento de las exportaciones, incluyendo una política comercial agresiva, así como inversiones domésticas en capital humano e infraestructura.  A pesar del hecho de que Estados Unidos sigue siendo la economía más grande del mundo, el 95  por ciento de los consumidores del mundo, el 87 por ciento del  crecimiento económico global, y el 80 por ciento de la producción global ocurre fuera de sus fronteras.[5]  Las exportaciones vinculan la economía de Estados Unidos con los diversos y dinámicos  mercados emergentes  del mundo, mejorando su crecimiento. Al mismo tiempo, Estados Unidos necesita reequilibrar su propia economía con el fin de evitar futuras crisis y establecer una base sólida para la prosperidad a largo plazo. Desde 2006, la balanza de cuenta corriente de Estados Unidos ha disminuido, pero aún hay un largo camino por recorrer. Para que este ajuste no tenga como consecuencia una disminución en la seguridad social derivada de un menor consumo, las exportaciones tendrán que aumentar considerablemente. Frente a este desafío, el presidente Obama lanzó la Iniciativa Nacional de Exportación en 2010, un plan para duplicar las exportaciones estadounidenses en cinco años. Para que este programa tenga éxito, los vecinos de los Estados Unidos, los cuales también son sus principales mercados de exportación, Canadá y México, claramente deben jugar un papel fundamental, pero no sólo como mercados sino a través de exportaciones conjuntas al resto del mundo

Políticas destinadas a impulsar las exportaciones de Norte América

Como el eje central de las relaciones económicas de América del Norte, el TLCAN ha impulsado un gran crecimiento en el comercio regional y en inversión. Desafortunadamente, incluso cuando el comercio bilateral se ha disparado, Estados Unidos y México no hicieron la inversión en infraestructura ni los avances políticos necesarios para mover de manera eficiente la masiva cantidad  de bienes (actualmente de más de mil millones de dólares) que cruza la frontera Estados Unidos-México cada día de ida y de vuelta. En síntesis: las relaciones económicas de la región se estancaron. Las discrepancias en los debates del TLCAN y una mayor atención a las cuestiones de seguridad (tanto el terrorismo internacional como el crimen organizado regional) han dejado a las relaciones comerciales y económicas en los márgenes de la agenda bilateral. Se han logrado algunos avances, sobre todo en la plena implementación del TLCAN, pero el potencial es mucho mayor de lo alcanzado. El camino hacia adelante incluye medidas intra-regionales para fortalecer la competitividad y los esfuerzos conjuntos en el escenario mundial para incentivar la apertura de los mercados, así como para garantizarla proliferación de un régimen de comercio justo, abierto, y basado en las leyes internacionales. Dentro de la región, deben de desaparecer las barreras para que los fabricantes regionales y los proveedores de servicios que los apoyan, puedan aprovechar el increíble tamaño y la riqueza de la economía de América del Norte sin tener que pagar—ya sea en la forma de tiempo de espera en largas filas formadas en la frontera, o cumpliendo onerosas cargas de trámites aduaneros, por ejemplo—lo que equivale a un impuesto aduanero, cada vez que intentan mover  productos o hacer negocios a través de la frontera Estados Unidos-México. En el ámbito internacional, a través del TPP, TTIP y PA , así comolas organizaciones internacionales pertinentes, Estados Unidos, México y Canadá deberán negociar acuerdos y trabajar para ponerlos en práctica como un bloque integrado, reconociendo que cada uno de estos tres países se beneficia de un mercado norteamericano competitivo.

La Frontera

La capacidad de los puertos de entrada para procesar de forma segura y eficiente la llegada de productos e individuos a Estados Unidos no se ha empatado con el ritmo de la expansión del comercio bilateral. Por el contrario, la necesidad de mayor seguridad tras los ataques terroristas del once de septiembre dio lugar a un crecimiento de la seguridad fronteriza, que incrementó costosos, largos e impredecibles tiempos de espera para cruzar la frontera, por cuestiones comerciales y personales por igual. Esta congestión es una traba para la competitividad regional. Se necesita invertir en la actualización de infraestructura y dotar a los puertos de entrada con personal suficiente, ya que largas colas en la frontera y personal con sobrecargas de trabajo no promueven ni la eficiencia ni la seguridad. Pero en una época de presupuestos federales ajustados, pedir más recursos al gobierno no puede ser la única respuesta. Esfuerzos estratégicos que hacen más con menos, como el mayor uso de programas de viajeros y transportistas confiables, pueden ser la forma más costo-efectiva para facilitar el comercio en la frontera. Estos programas de “confianza,” (como los Global Entry, SENTRI , FAST , C-TPAT) permiten a individuos y cargamentos de bajo riesgo, previamente investigados, tener un tránsito expedito a través de la frontera, aumentando la eficiencia a la par que refuerzan la seguridad al darle más tiempo a los oficiales fronterizos para concentrar sus esfuerzos en individuos y cargamentos desconocidos y potencialmente peligrosos. Por último, dado el hecho de que las mejoras fronterizas ofrecen importantes beneficios económicos para las comunidades locales y para aquellas industrias dependientes del comercio,  las entidades estatales, locales y privadas tienden a estar  dispuestas a contribuir en el financiamiento de proyectos de infraestructura fronteriza. Sin embargo, se requieren ciertos cambios en Estados Unidos para permitir que la aduana y protección fronteriza del país acepten fondos de fuentes distintas al gobierno federal, de forma tal que se garantice la integridad y la independencia de su misión y sus agentes.

El reconocimiento por parte de México de los estándares técnicos para dispositivos electrónicos, médicos y otras mercancías, así como la extinción del antidumping en impuestos de cientos de productos chinos en diciembre de 2011, redujo considerablemente el incentivo para el contrabando de mercancías a México e hizo los cruces fronterizos más seguros y eficientes. En esta misma línea de acción, aunada a la eliminación de obstáculos innecesarios y onerosos para el comercio en otros sectores, Estados Unidos y México podrían contribuir de manera significativa a la creación de una frontera menos atractiva para el contrabando y las actividades criminales.

Energía

Los avances en las técnicas de perforación (fracturación hidráulica, perforación horizontal), la tendencia decreciente en el costo de producir energías renovables y la ambiciosa reforma energética en México han cambiado drásticamente el perfil de energía en la región de Norte América.  Estos cambios han aumentado la competitividad de las manufacturas regionales al disminuir los costos de electricidad, lo que tiene un impacto especialmente señalado en las industrias intensivas en energía.  Al mismo tiempo, las recientes reformas en materia energética en México podrían detonar un aumento significativo de la inversión en ese país. Asimismo, hay un enorme potencial para el desarrollo de energía renovable, principalmente solar y eólica, en la región de la frontera de  México con Estados Unidos, a pesar de que la infraestructura de transmisión transfronteriza (en el caso del gas natural, a través de ductos)  necesita fortalecerse para poder tomar plena ventaja del potencial de la región.

Otro elemento indispensable es el libre comercio, el cual es necesario para garantizar el acceso a un mercado competitivo de gas natural, electricidad y petroquímica a través de la región.  El libre comercio en materia de energía podría estimular mayores niveles de inversión en el sector energético mexicano, fortalecer la seguridad energética regional, y reducir los precios de electricidad para los fabricantes regionales en una medida que podría  apoyar el proceso de reindustrialización de manera significante. Al libre comercio en materia energética pueden contribuir las negociaciones del TPP y, como el presidente electo Enrique Peña Nieto señaló durante su campaña presidencial,   la actual reforma energética de México, la cual  abre unilateralmente el sector de ese país.

Servicios

Dado que el TLCAN es un acuerdo comercial de “primera generación,” este prestó poca atención al intercambio de servicios, y como consecuencia quedan todavía increíbles oportunidades para incrementar la cooperación en esta área. Éstas son sólo algunas:

  • En transporte, un acuerdo de cielos abiertos mejoraría la eficiencia de las aerolíneas regionales y los envíos de carga. Del mismo modo, el actual programa piloto para permitir el acceso de camiones de carga a través de México y Estados Unidos sin la necesidad de descargar y cargar en la frontera debería ampliarse y hacerse permanente.
  • En un momento en el que los costos del sector salud van en aumento y están drenando los preciados recursos de la economía americana, hace sentido abrir el mercado a los proveedores de servicios de salud mexicanos, permitiéndole a los residentes americanos la opción de usar su Medicare o seguro médico para buscar tratamientos de menor costo en los hospitales autorizados y clínicas en México.
  • Promover programas más amplios de intercambio de estudiantes de educación superior no requiere tanto cambios legislativos, sino un mayor compromiso y apoyo de los gobiernos y universidades estadounidenses y mexicanas por igual. Juntos, México y Estados Unidos podrían desarrollar una asociación público-privada ambiciosa de intercambio educativo para ayudar a México a ampliar significativamente el acceso a la educación universitaria de calidad (especialmente en ciencias y tecnología), y al mismo tiempo ayudando a los Estados Unidos a enfrentar una gran necesidad por mejorar sus competencias inter-culturales y lingüísticas.

Comercio mundial

Dada la ausencia de avances en la negociación multilateral en la Ronda de Doha (OMC), han surgido diversos e importantes acuerdos comerciales suprarregionales. El más grande de ellos, el TPP, incluye a México, Estados Unidos, Canadá, Japón y otros ocho miembros de la APEC.  Dado que el tratado involucra a los tres miembros del TLCAN, se ha transformado en una alternativa para profundizar el TLCAN sin reabrir el acuerdo ni despertar algunos de sus más álgidos debates. Asimismo, aunque no se ha tomado ventaja de esto, el TPP podría ser el sitio ideal para desarrollar y develar una perspectiva norteamericana de cooperación respecto a negociaciones internacionales que tengan objetivos comerciales.

Nota: Promedio de todos los productos. Para datos más recientes  (Mundial 2012, Estados Unidos 2011, China 2011, Brasil 2011, México 2010, India 2009). Fuente: Banco Mundial 2013

Nota: Promedio de todos los productos. Para datos más recientes (Mundial 2012, Estados Unidos 2011, China 2011, Brasil 2011, México 2010, India 2009).
Fuente: Banco Mundial 2013

El tratado representa, también la oportunidad de establecer un nuevo estándar para acuerdos regionales y multilaterales en asuntos de “nueva generación” como propiedad intelectual y comercio de servicios. Estados Unidos inició recientemente las negociaciones con la Unión Europea para crear una Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión. México ya cuenta con un tratado con la Unión Europea, mientras que Canadá se encuentra en negociaciones con dicha entidad supranacional para establecer su propio tratado. Dado el nivel de integración manufacturera en América del Norte resultaría en suma acertado combinar estos tres esfuerzos en uno solo para negociar un tratado de libre comercio entre América del Norte y la Unión Europea. Un tratado de esta naturaleza crearía la región económica más grande del mundo. Finalmente, México se ha unido a Chile, Colombia, Perú y Costa Rica en la Alianza del Pacífico, la cual profundiza e integra los vínculos comerciales en la región. Estados Unidos debería considerar cuál es la mejor manera de relacionarse con este grupo de tal suerte que, en una forma similar a TPP, las mercancías producidas por México y Estados Unidos tengan acceso libre a estos mercados latinoamericanos.En ausencia de una visión coordinada con este objetivo, las naciones de América del Norte enfrentan el riesgo de  perder una oportunidad única, dado que las reglas de origen limitarían la capacidad de los productos con una mezcla de contenido estadounidense, canadiense o mexicano de calificar para un acceso libre de tarifas arancelarias a los mercados europeos.

Al final, la meta no debe ser profundizar los vínculos comerciales con mercados específicos para excluir a otros, como China o Brasil, sino incorporar dichos mercados. Una aproximación agresiva por parte de América del Norte al comercio internacional podría colocar a las naciones BRIC y otras economías relativamente cerradas a la defensiva, y no tendrían incentivos para unirse a las negociaciones globales de comercio que el miedo a ser marginado y superado mientras el resto de los países avanza

Conclusión

No cabe duda de que las economías de Estados Unidos y México enfrentan grandes desafíos. Algunos riesgos son causados ​​por presiones externas, incluyendo la creciente competencia asiática y la crisis de la eurozona, y otros son internos, como los actuales déficits fiscales y de cuenta corriente de los Estados Unidos o la necesidad de implementar reformas estructurales que mejoren la productividad en México. Sin embargo, en una gran medida – raramente entendida por los políticos o el público – muchas de las soluciones a estos problemas se encuentran en medidas que fortalezcan la competitividad regional y en trabajar como un bloque económico de América del Norte para perseguir una agenda comercial mundial agresiva. Con este enfoque, América del Norte podría convertirse en un exportador neto y en la región más competitiva del mundo, pero para ello se necesitaría de significante liderazgo de los sectores privado y público por igual. Los líderes de negocios de Estados Unidos y México trabajaron juntos e infatigablemente para garantizar la aprobación del TLCAN en los años noventas, pero dicha coalición se vino abajo en gran medida tras la implementación del acuerdo. Se deben hacer esfuerzos para volver a unir a los líderes empresariales en temas de competitividad y la cooperación en el comercio global. El sector privado puede estimular el movimiento en temas de política, pero no puede sustituir a la acción gubernamental. Con una relación tan compleja y multidimensional como la que existe entre Estados Unidos y México, el liderazgo de más alto nivel—la Casa Blanca y Los Pinos—es un ingrediente vital para el éxito.

Recientemente, los presidentes Obama y Peña Nieto establecieron un diálogo de alto nivel (liderado en Estados Unidos por el vicepresidente Biden y en México por el secretario de Hacienda, Luis Videgaray) para encontrar formas innovadoras de profundizar la integración económica en Norte América. El Diálogo Económico de Alto Nivel México-Estados Unidos incluye también un proceso con participantes del sector privado, para que la facilitación de los negocios sea parte toral de las discusiones. En la reunión inaugural de este Diálogo, ocurrida en la ciudad de México en septiembre de 2013, había consenso entre los participantes que, para que el Diálogo fuera efectivo, era indispensable que fuera también ambicioso.

El vigésimo aniversario del TLCAN es el momento justo para iniciar la transformación de un acuerdo que ha sido altamente exitoso en la expansión del comercio y la inversión entre México, Canadá y Estados Unidos, en un acuerdo que haga de Norte América la región más competitiva del mundo, con una base de exportaciones de tal calidad que conquisten los mercados asiáticos y el resto de los países.

Luis de la Calle es el director general y socio fundador de De La Calle, Madrazo, Mancera, S.C., una consultoría basada en la Ciudad de México. Christopher Wilson es un asociado del Instituto México del Woodrow Wilson International Center for Scholarsdonde administra la investigación y la programación en integración económica regional y negocios fronterizos EE.UU.-México.  


[1] Koopman, Robert, Powers, William et al.  Give Credit Where Credit is Due: Tracing Value Added in Global Production Chains, National Bureau of Economic Research,  documento de trabajo No. 16426, Cambridge, MA, E.U. septiembre 2010, revisado en septiembre 2011, apéndice, p. 7.

[2] Un importante proceso de integración entre Colombia, México, Chile y Perú.

[3] De la Calle, Luis, Rubio, Luis, Clasemediero: Pobre no más, desarrollado aún no Ciudad de México, CIDAC, 2010.

[4] Los datos de 2009 y 2010 son del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI). Las proyecciones del Fondo Monetario Internacional permanecen así hasta 2017 (Fondo Monetario Internacional, Perspectiva Mundial de la Economía, base de datos, abril de 2012).

[5] Embajador Ron Kirk, representante commercial de los Estados Unidos, The President’s 2010 Trade Policy Agenda.

EL PROYECTO

El proyecto Re-imaginando las relaciones México-Estados Unidos: del presente al 2024 de la red Estados Unidos-México en la Universidad del Sur de California está diseñado para presentar un análisis general de varios temas críticos y relevantes a la relación entre México y los Estados Unidos: una introducción general al tema, su estado actual, una proyección para el 2024 y los pasos necesarios para alcanzarla.

 

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