México y la Comunidad Mexicana en Estados Unidos

México y su Diaspora en Estados Unidos: lecciones para una nueva época

por Carlos González Gutiérrez & David R. Ayón

El climax de la migración mexicana a Estados Unidos se dió en 2006, sin embargo la realidad y las consecuencias de ésta, del cual es el mayor flujo migratorio proveniente de un país a un vecino, seguirán presentando tanto retos como oportunidades a los gobiernos mexicanos y estadounidenses por muchos años venideros.

Por consecuente, se dio un crecimiento de una extensa diáspora mexicana en los Estados Unidos, y un Mexico reconocido como un país líder en las políticas hacia su diáspora.
El hecho que haya sido innovador en este ámbito bien se podría calificar como inevitable dadas las circunstancias: por las dimensiones de la migración, la vecindad del destino, y la extensión y complejidad de la frontera. La diáspora mexicana esta concentrada en el país que sigue siendo por mucho su mayor socio comercial y financiero, y desarrollada en el contexto de una relación altamente asimétrica entre los dos vecinos que son de singular importancia el uno al otro.

Esta asimetría se ha reflejado en la misma diáspora de varias maneras: en los niveles de escolaridad e ingresos de los migrantes, en los tipos de empleos en que históricamente han sido empleados por migrantes, la problemática del proceso de migración en si, y los bajos niveles de legalización. En conjunto, estas condiciones han dado lugar a una situación socioeconómica general subordinado a los migrantes mexicanos en Estados Unidos, lo que le da un carácter especial a los esfuerzos diplomáticos y consulares de Mexico.

Para enfrentar este reto, México ha seguido innovando sus políticas, desde la creación del programa Comunidades en los noventas y el Instituto de los Mexicanos en el Exterior (IME) a principios de siglo, hasta la continua expansión de los servicios que ofrece el IME y otros servicios en los años siguientes. La actual administración, en funciones desde 2012, continua buscando el mejor camino a tomar respecto a la diáspora.
Este capítulo pretende hacer un análisis selectivo de aspectos sobresalientes de las políticas mexicanas hacia su diáspora, que pueda servir como un punto de partida para la elaboración de nuevos acercamientos de México no solo a sus migrantes en Estados Unidos sino también a los mexicoamericanos y otros estadounidenses interesados en la profundización y fortalecimiento de las relaciones bilaterales.

Empecemos, entonces, con una breve examinación de las políticas y experiencias recientes de México en relación a su diáspora en Estados Unidos, antes de ver nuevos enfoques y considerar como avanzar hacia el año 2024.

El objetivo de empoderar

Entre los objetivos principales y de mayor interés de los esfuerzos de acercamiento del Gobierno de México hacia su diáspora ha sido el empoderamiento de las comunidades residentes en el exterior. Se ha buscado “empoderar” a esta población para que tenga una mayor visibilidad e influencia en ambos lados de la frontera, con el fin de mejorar su capacidad para superar obstáculos, y para ayudar el avance en su papel como puente natural entre ambas naciones en el marco de la relación bilateral. Para empoderar su diáspora, el gobierno mexicano ha seguirdo dos camiones principales: integración y desarrollo de liderazgo.

Primer camino: empoderar mediante la integración

Por un lado, el Gobierno de México trata de contribuir a la integración de los migrantes a la sociedad estadounidense mediante el patrocinio de programas en materia de educación y de salud. Mediante la emisión de pasaportes y Matriculas Consulates a sus nacionales residentes en el extranjero, México ofrece una herramienta básica y crucial para sus expatriados. En el caso de los casi seis millones de migrantes indocumentados que no tienen otra manera de obtener una identficacion oficial, se necesitan pasaportes mexicanos e identificaciones consulares para abrir una cuenta bancaria, entrar en un edificio publico o el cumplimiento de sus obligaciones para pagar los impuestos.

En California, por ejempo, desde el 01 de enero de 2015, cualquier residente del estados, independientement de su estatus migratorio, pueden obtener una licencia de conducir, siempre y cuando el o ella es capaz de comprobar su identidad, asi como su redicencia en el Estado de California. Gracias a un acuerdo entre el Departamento de Vehiculos Motorizados (DMV) y el Ministerio de Relaciones Exteriores de México en 2014, permite al DMV verificar electrónicamente la autenticidad de los documentos publicados tiempo real en México. Los pasaportes mexicanos e identificaciones consulares son considerados “documentos primarios”, por lo tanto nacionales mexicanos no tienen que presentar ningún otro documento para comprobar su identidad.

Más allá de sus servicios de documentación , la red consular facilita la integración de los nacionales mexicanos a través del patrocinio de programas educativos y de salud. Este esfuerzo por parte del país de origen para avanzar en la asimilación de sus expatriados en la sociedad que recibe puede parecer contra-intuitivo. Sin embargo , los estudios muestran que cuando los migrantes se mantienen marginados se complica el acceso a los recursos necesarios para desarrollar vínculos más sofisticadas y duraderos ya sea con la sociedad y la cultura de origen o con la que acoge , y por lo tanto elevar su nivel de vida .

Entre los programas patrocinados por el Gobierno de México y promovidos directamente con las comunidades a través de la red consular, para facilitar su integración a la sociedad estadounidense y de esa manera contribuir a elevar su nivel de vida, vale la pena mencionar:

  1. Los programas de educación para adultos a través de plazas comunitarias.
  2. Las Ventanillas de Salud que operan en cada uno de los cincuenta consulados para ayudar a los paisanos a tener mejor información y acceso a los servicios de salud disponibles para esta población.
  3. Las becas del Instituto de los Mexicanos en el Exterior (IME), que proporcionan becas y ayuda financiera a estudiantes latinos, tanto a nivel universitario como en programas de educación para adultos.
  4. Los programas de educación financiera que promueven la bancarización o los créditos hipotecarios trasnacionales.
  5. Los talleres de orientación para que los jóvenes indocumentados que hayan llegado de niños a Estados Unidos puedan obtener un permiso de trabajo al amparo del programa de “Acción Diferida” de la Administración del Presidente Obama.

Estos programas han sido exitosos porque se han ido decantando a lo largo de más de 20 años. Iniciativas como la red de plazas comunitarias (más de cuatrocientas en todo el país) o las 50 ventanillas de salud son proyectos que se han ido mejorando con el tiempo, a partir de un proceso de prueba y error que se aplica de forma más bien descentralizada con apoyo de la red consular.

La oferta en materia de programas de educación y salud es promovida por una burocracia profesional cada vez más especializada, adscrita a los Consulados, cuya columna vertebral está conformada por miembros del Servicio Exterior Mexicano. Las acciones van mucho más allá de lo que la Convención de Viena de Relaciones Consulares, firmada a principios de los años sesenta, definía como las tareas típicas de una representación consular.

Si bien se trata de acciones unilaterales emprendidas por el Gobierno de México sin previo acuerdo con el Gobierno federal estadounidense, su éxito y consolidación en Estados Unidos se ha dado en función de las redes de socios y de contactos que, a nivel local, las oficinas consulares mexicanas han podido ir tejiendo a lo largo de los años.

Como algunos ejemplos, podemos mencionar los siguientes casos: para iniciar un fondo de becas, es necesario encontrar socios dispuestos a ayudar a procurar fondos a nivel local que complementen los recursos aportados por el Gobierno de México. Para abrir una Plaza Comunitaria que aproveche la oferta de materiales de educación a distancia del Instituto Nacional para la Educación de los Adultos. (INEA), es preciso encontrar una escuela u organización que no solamente preste el salón sino que además consiga las computadoras. Para que una ventanilla de salud pueda referir a un paciente indocumentado a una clínica comunitaria para recibir tratamiento médico, es necesario haber desarrollado previamente ciertos protocolos de operación con el personal de dicha clínica, así como con el personal de otras agencias involucradas en la ubicación de un “hogar médico” para el connacional.

En suma, los programas de acercamiento de México dependen, para su implementación, de la colaboración de socios locales cuyas relaciones se van cultivando a lo largo del tiempo y en forma institucional. Se trata de un capital de relaciones sumamente valioso que se empezó a cultivar de manera sistemática sobre todo a partir de 1990, cuando se creó el Programa para las Comunidades Mexicanas en el Exterior, antecedente del Instituto de los Mexicanos en el Exterior (IME).

¿Qué se necesita para que estos programas sigan creciendo en términos tanto cualitativos como cuantitativos?

Si la emisión de documentos de identificación es el primer paso para ayudar a integrar sus expatriados en la sociedad que recibe, México necesita para presionar constantemente por la aceptación general de su Identificacion Consular entre las autoridades federales, estatales y locales a través del país.

La aceptación de identificaciones emitidas en el extranjero fue fuertmente restringido después de los ataques del 11 de septiembre de 2001. En respuesta, la Secretaria de Relaciones Exteriores ha mejorado la calidad de sus pasaportes e identificaciones consulares, las cuales contienen información biométrica completa y amplias características de seguridad para impedir su falsificación. Al mismo tiempo, se ha trabajado en estrecha colaboración con los gobiernos estatales de México para facilitar la adquisición directa de los certificados de nacimiento para personas que no pueden volver a su estado natal para obtenerlos.

Pero todavía hay muchos estados de Estados Unidos, donde la actitud pragmática que se presenta en las instituciones del sector privado, como los bancos, que aceptan las identificaciones consulares como una forma de permitir las transacciones económicas que no ocurrirían de otro modo, no tienen contrapartida en los ámbitos gubernamentales, ni siquiera por las autoridades locales del orden publico que deberían de estar interesados en la identificación precisa de los residentes respetuosos de la ley, sin importar su estatus migratorio.

Paradojicamente, una medida diseñada orginalmente para fortalecer el sentido de pertenencia de los migrantes mexicanso en la sociedad estadounidense esta a punto de hacer la vida mas fácil para aquellos que todavía se enfrentan a retos de identidad en los EE.UU.. En 2006 los mexicanos residentes en el extranjero se les permitió votar por primera vez en las elecciones presidenciales de México. El ciclo electoral de 2018 será el primero que permitirá expatriados obtener su respectiva tarjeta electoral en el consulado mexicano mas en cercano en Estados Unidos, sin tener que viajar a México (un obstáculo insuperable para la mitad de la población elegible, debido a su situación migratoria irregular). No está claro en qué medida este cambio aumentará la participación del mexicano en el extranjero en las elecciones. Sin embargo, lo que es cierto, es que cientos de miles de mexicanos visitarán su Consulado mas cercano en EE.UU. para obtener la identificación oficial mas popular y segura en Mexico, sin costo para ellos.

En el futuro, México debe ampliar la oferta de cooperación de México, sobre todo en materia educativa. Hasta ahora la oferta ha consistido en la exportación de “economías de escala”: gracias al internet, se ofrecen a las comunidades en el exterior los mismos programas de educación superior o los mismos cursos del INEA (programas de educación de adultos) que se ofrecen en México, así como los mismos libros de texto gratuitos que se utilizan para los niños mexicanos en el salón de clase. Aunque valiosa, lo cierto es que muy poco de la ayuda ha sido diseñada para las necesidades específicas de estas comunidades.

Para aprovechar las posibilidades que ofrece la tecnología mediante los cursos de educación a distancia, México debe diseñar productos que sean útiles a los estudiantes mexicanos inscritos en las escuelas estadounidenses. A nivel de educación media superior, ello implica desarrollar un esquema de equivalencias que permita “conciliar” el curriculum mexicano en matemáticas y ciencias principalmente, con el curriculum de los Estados Unidos (que además varía de estado en estado). Afortunadamente, ya hay programas piloto tanto en Texas (Proyecto LUCHA) como en California (Proyecto SOL) que muestran empíricamente que lo anterior no solamente es posible sino que contribuye a elevar el nivel de aprovechamiento escolar de los alumnos migrantes. Luego de veinte años de promover educación para adultos, es necesario dar el siguiente paso e ir más allá de las clases “after hours” y meterse de lleno al salón de clases.

Conciliar programas educativos es una tarea que por supuesto es necesario desarrollar en México, por parte de especialistas, y para ello es necesario invertir tiempo y recursos fuera de la Cancillería y elevar el nivel de prioridad de este tipo de iniciativas.

La otra manera de elevar cualitativa y cuantitativamente la oferta de cooperación de México tiene que ver con el frente externo; más específicamente con el fortalecimiento de la capacidad de negociación de los cónsules vis a vis las instancias locales con las que acuerdan la instrumentación de cada proyecto.

Dicho fortalecimiento pasa por un camino mucho más sencillo y prosaico: dotarles de dinero. La Ventanilla de Salud y las Becas IME son dos de los programas más exitosos del IME en la actualidad. Luego de varios años de prueba y error, ambos programas han logrado crecer explosivamente gracias a que el Gobierno de México les ha dotado de un fondo de recursos (que proviene principalmente del presupuesto de la Secretaría de Salud, en el primer caso, y del de la Cancillería en el segundo) que se reparte entre los 50 consulados en Estados Unidos.

El modelo funciona porque los recursos son utilizados por cada cónsul para detonar recursos complementarios o “matching funds” por parte de socios locales, los cuales tradicionalmente aportan mucho más de lo que originalmente contribuye el Gobierno de México como capital semilla. Como se mencionaba anteriormente, el capital de relaciones que se ha ido cultivando a lo largo del tiempo con los liderazgos locales es fundamental para que estos asuman los proyectos como propios y traigan recursos a la mesa que les permita crecer y consolidarse.

Cabe mencionar que además de lo que contribuyen estos programas a la integración de los migrantes, el Gobierno de México ha actuado para eliminar ciertas barreras al mismo objetivo, como fue el caso de la reforma constitucional que estableció la “no pérdida de la nacionalidad.” Esta medida permitio a los mexicanos en el exterior obtener otra ciudadanía extranjera sin perder la nacionalidad mexicana. La doble nacionalidad aprobado por el Congreso mexicano a finales de los noventa, significo que los milliones de migrantes legalizados gracias a la reforma migratoria de 1986 (Immigration Reform and Control Act IRCA)pudieran conseguir la ciudadanía norteamericana mas fácilmente y convertise en votantes.

Segundo camino: empoderar mediante la formación de liderazgos

Las iniciativas, como estas, que buscan contribuir a la integración de los migrantes están estrechamente vinculadas con las que buscan propiciar la formación de habilidades y capacidades en líderes comunitarios independientes.De manera paralela a las iniciativas que buscan facilitar su integración, el Gobierno de México ha buscado “acompañar” los esfuerzos de organización autónoma de las comunidades. Aquí el empoderamiento pasa por el fortalecimiento de las capacidades de liderazgo y organización comunitaria mediante programas que buscan vincular a líderes geográficamente dispersos, tanto con agencias gubernamentales mexicanas, como entre sí.

El Reconocimiento Ohtli a los mexicanos en el exterior que contribuyen a la comunidad migrante, las delegaciones de líderes que visitan México con el programa de Jornadas Informativas, el trabajo de las oficinas estatales de atención a oriundos, o el fogueo que para los líderes de clubes de paisanos representa la negociación con las autoridades locales, estatales y federales al amparo del Programa 3X1, son ejemplos de programas que lleva a cabo el Estado mexicano y que contribuyen a fortalecer las capacidades de las organizaciones y los líderes mexicanos en Estados Unidos.

Un proyecto que merece mención especial fue la creación en 2002 del Consejo Consultivo del Instituto de los Mexicanos en el Exterior (CCIME), un esfuerzo por constituir la red de redes alrededor de la cual convergen muchos de los liderazgos autónomos con quienes los consulados tienen relación. Desde su creación, el CCIME fue planeado como un canal institucional de participación para el liderazgo de las comunidades migrantes en el proceso de formulación de políticas públicas.

Desde su creación hasta el año 2014, sus miembros eran elegidos por integrantes de la comunidad, completamente independientes del gobierno de México y de la red consular. Lo cual ortogaba legitimidad al Consejo, como representante de la comunidad migrante y intermediario con el gobierno mexicano

Al menos desde la perspectiva del IME y de la Cancillería, el CCIME ha funcionado relativamente bien desde tres puntos de vista. Por una parte, el CCIME ha sido una plataforma pluralistica en donde lideres de la comunidad y activistas de todas las corrientes tuvieran una voz. Era sumamente importante crear un espacio donde incluso los líderes migrantes más polémicos pudieran manifestarse abierta y públicamente. El CCIME funcionó como un foro en el cual las voces de todas las corrientes pudieran expresarse.

También ha servido como un espacio útil para la capacitación de liderazgos autónomos, en tanto que constituye un foro donde los Consejeros conocían de primera mano los programas de educación, salud, protección consular u organización comunitaria que los consulados promueven; en el mejor de los casos, estos líderes asumían como propias las iniciativas que apoya la red consular e inviertían tiempo, recursos y talento en instrumentarlas. Por último, el CCIME ha sido útil como un espacio de convergencia entre líderes de todo el país que atesoran la oportunidad de conocerse entre sí y de crear coaliciones y redes de apoyo que con el tiempo adquieren vida propia, muchas veces al margen del Gobierno de México

Pero así como el CCIME ha logrado algunos de sus objetivos más importantes, también es cierto que luego de operar por más de una década bajo el mismo esquema, las limitaciones inherentes a su diseño original eran bastante claras. EL CCIME aspiraba a que las comunidades mexicanas en Estados Unidos estén representadas en una sola asamblea, integrada por más de cien miembros, lo que resulta poco práctico porque no es fácil operar con un grupo tan amplio. Más aún, para ser Consejero había que ser elegido por las comunidades a las que se aspiraba a representar, lo que desalientaba a líderes valiosos que sin embargo no están interesados o no tienen el ánimo de someterse al desgaste natural que implica un proceso electoral local.

Que los Consejeros tenían que ser elegidos por las comunidades de manera independiente ha traído dos consecuencias no intencionadas y poco convenientes para los intereses del Instituto, en su calidad de institución convocante. Por un lado, la hegemonía de los líderes inmigrantes de primera generación (a diferencia de los mexicano-americanos de segunda, tercera o subsecuentes generaciones) aumenteba con el tiempo. Por otro, en algunas jurisdicciones consulares las elecciones fueron controladas por grupos de poder local que promueven prácticas endogámicas en los procesos de renovación, con el ánimo de evitar que personas ajenas puedan resultar electas.

La estructura y el funcionamiento del CCIME fue revisado y reorganizado en 2014 por la Secretaria de Relaciones Exteriores. No se emitió convocatoria para competir en elecciones abiertas. En lugar de ello, el IME emitió una convocatoria para la presentación de propuestas de proyectos por los lideres de la comunidad en cada jurisdicción consular. El IME, como la institución convocatoria, en coordinación con la red consular, reservó para sí el derecho de seleccionar aquellos proyectos que le interesan a la mayoría ( en el área de educación, salud, organización comunitaria, promoción cultural etc…). El IME planea organizar varias conferencias, tanto en México como en Estados Unidos, para continuar promoviendo los vínculos entre lideres comuniatrios independientes que participan en proyectos similares.

Al escribirse este capitulo, la nueva política acababa de ser implementada por primera vez, lo cual fue demasiado reciente para hacer una evaluación. Pero la experiencia historica descrita anteriormente en el capitulo provee consideraciones para saber lo que se espera en el futuro.

Hacia el futuro

Al hacer un recuento del patrimonio que ha construido el IME y su predecesor, el Programa para las Comunidades Mexicanas en el Extranjero, a lo largo de casi un cuarto de siglo, quizá lo más valioso sea el cúmulo de relaciones con líderes comunitarios que se ha ido construyendo desde 1990. Estos miles de líderes comunitarios que en mayor o menor medida han invertido su tiempo, recursos y talento para participar en “la red de redes” que el IME y su consejo consultivo (CCIME) desarrollaron, han sido desde un principio vistos como un puente natural para estrechar los lazos que unen a México con los Estados Unidos.

Consolidar las relaciones del Gobierno de México con el liderazgo mexicano-americano como un puente bilateral de entendimiento y colaboración es el objetivo estratégico más importante para México. ¿Cómo hacer para que el capital social y político que se ha ido tejiendo con base en relaciones con miles de líderes de origen mexicano se vaya consolidando en un puente efectivo y duradero para acercar a ambos países?

La respuesta a la pregunta anterior pasa por abandonar la pretensión de universalidad a la que aspira el Consejo Consultivo del IME. Por más grande que sea la carpa, pretender abarcar bajo un mismo techo a representantes de toda la diáspora en Estados Unidos es complicado y, al final de cuentas, poco práctico.Más productivo sería aprovechar simultáneamente los espacios o plataformas públicas que les den oportunidad a líderes de ascendencia mexicana en Estados Unidos a enfocar al menos parte de su agenda política en México, y en particular en las relaciones de Estados Unidos con su vecino del sur.

En otras palabras, desde la perspectiva del Gobierno de México, quizá lo más productivo sea comer al elefante en partes: enfocar energías en espacios múltiples de interlocución con liderazgos mexicano-americanos que sean más acotados, ya sea por criterios temáticos o regionales, pero que al mismo tiempo compartan una premisa común: la voluntad por enfocarse en México y en su relación con los Estados Unidos.

Esos espacios de interlocución son cada vez más valiosos para México porque abren la posibilidad de desahogar en la arena pública estadounidense algunos temas que el Gobierno de México no puede plantear por sí solo, en tanto que su intervención representa, obviamente, la de un actor externo. Se trata de plataformas para ventilar temas o problemáticas que requieren ser articulados por ciudadanos estadounidenses independientes, que interactúan en un contexto plural, donde no existe la uniformidad de opiniones, pero donde se comparte el interés por hacer sinergias con el Gobierno mexicano a efecto de enfocar sus energías de movilización en temas de largo plazo y mutuo interés.

Contra lo que a menudo se piensa en México, dichos espacios son todavía escasos en los Estados Unidos. Con excepción de los líderes inmigrantes de primera generación que se vinculan con sus comunidades de origen alrededor de clubes de oriundos o “hometown associations”; o de los empresarios que dedican su trabajo cívico a impulsar el intercambio económico a través de Cámaras de Comercio binacionales, en realidad son pocos los líderes comunitarios o de opinión en Estados Unidos a quienes les interesa invertir tiempo y recursos en una agenda enfocada en estrechar las relaciones bilaterales a partir de organizaciones no lucrativas. La mayoría de los líderes latinos dedica sus energías a impulsar una agenda doméstica, definida en parte por la necesidad de defender los derechos de una “minoría protegida” que soslaya las diferencias en términos de origen nacional a favor de una identidad pan-étnica al amparo de la cual quepan los descendientes de los inmigrantes latinoamericanos bajo una sola identidad “latina” o “hispana”.

Los gobiernos de México y de Estados Unidos pueden crear diferentes tipos de andamios para facilitar el surgimiento de un mayor número de espacios de interlocución que fomenten el involucramiento de la diáspora en las relaciones bilaterales. A continuación describimos dos ejemplos, uno creado regionalmente con apoyo del Gobierno de México y otro desarrollado con la aprobación del Gobierno de los Estados Unidos.

Cien Amigos: Working for California & Mexico

A principios del 2010, en respuesta a una invitación del Consulado General de México en Sacramento, un grupo de destacados líderes comunitarios de origen latino del Norte de California unió esfuerzos para patrocinar las celebraciones del Bicentenario de la Independencia de México y el Centenario de la Revolución Mexicana promovidas por esa oficina consular.

Poco después, el grupo decidió institucionalizar el empeño de organización al crear la asociación cívica “Cien Amigos: Working for California & Mexico”. En esas fechas, el anuncio de la adquisición de un nuevo edificio para el Consulado constituyó un catalizador importante para la voluntad inicial de organización. La fiesta inaugural del nuevo edificio, así como la curaduría de la colección fotográfica permanente de la Representación consular, fueron dos de los primeros proyectos patrocinados por Cien Amigos, en abril de 2011.

Hoy día Cien Amigos es una organización a la que se ingresa por invitación. La mayoría de los miembros son de origen mexicano o latino, aún cuando el lugar de origen no es un requisito para ser miembro. Su membrecía constituye una muestra relativamente representativa de líderes comunitarios independientes, que incluye empresarios, abogados, académicos, cabilderos, representantes de organizaciones civiles, profesionistas y funcionarios locales. Cien Amigos está registrada como una organización no lucrativa dedicada exclusivamente a la promoción del bienestar social mediante acciones de desarrollo comunitario o cívico (advocacy) y los recursos financieros para la operación de la asociación provienen de las cuotas anuales de sus miembros.

El diálogo constante y el trabajo coordinado entre el Consulado y Cien Amigos son posibles gracias a que nadie pone en tela de juicio la independencia de quienes integran la organización. Dado el carácter plural de sus integrantes, lo exitoso de sus trayectorias individuales, así como la larga experiencia en asuntos públicos de varios de sus miembros, resulta claro que quien forma parte de Cien Amigos no lo hace por alcanzar un beneficio personal inmediato. Quien participa lo hace porque valora la red de liderazgo a la que accede, considera importante levantar conciencia sobre la relevancia de México para California o bien porque desea ayudar al Consulado a servir mejor a la comunidad. La mayoría de los miembros de Cien Amigos son conscientes de que al movilizarse en torno a las relaciones de California con México existe la posibilidad no sólo de promover la justicia social o el bienestar económico de las comunidades inmigrantes, sino también la de ganar capital político para la comunidad mexicano-americana en California.

En sus primeros 5 años de existencia, Cien Amigos ha sido capaz de institucionalizar la celebración anual del “”Dia de Abogados de California – Mexico” en el Capitolio de California; crear el “Fondo de Becas Cien Amigos – IME” para ayudar a que los estudiantes inmigrantes asistan a la universidad, y cabildear con éxito a favor de las diferentes políticas publicas que beneficien a Mexico y California. Ademas del levantamiento de la prohibición que no permitía a cualquier estudiante, y hacer un intercambio de facultad tanto para los alumnos como para los profesores en el sistema de universidades del estado de California y Mexico.

La colaboración entre el Consulado y Cien Amigos se da dentro de un amplio espacio en el que convergen tres ejes: el interés mutuo; el respeto a la independencia de la contraparte y el reconocimiento de que la agenda para la colaboración es acotada a los asuntos de largo plazo, no partidistas, donde el interés compartido entre México y California pasa por la integración de los migrantes y el estrechamiento de las relaciones económicas entre ambos países

El Experimento MALI

La inesperada llegada de Hillary Clinton a la cabeza del Departamento de Estado en Enero de 2009 abrió la puerta a una nueva era de participación de los latinos – y en particular de los mexicoamericanos – en la política exterior de los Estados Unidos. En el 2010, el principal asesor latino de Clinton, el abogado de San Antonio José H. Villarreal, inició una serie de consultas con líderes mexicoamericanos para medir el interés y la disposición a involucrarse de manera organizada en relación a México. La coyuntura en aquel momento estaba marcada por un lado por el conflicto con los cárteles de la droga en México, y por el otro los recortes presupuestarios en Washington– los cuales limitaban severamente los recursos al alcance de la diplomacia norteamericana.

El resultado de estas consultas fue la formación y el lanzamiento de la “Mexican American Leadership Initiative” (MALI) como parte de la U.S.-Mexico Foundation (USMF), alentado por el apoyo moral de la Secretaria Clinton y el Departamento de Estado. Con la decidida participación de Villarreal y del ex-Secretario de Vivienda y Desarrollo Urbano Henry Cisneros, la iniciativa MALI logro convocar a centenares de líderes mexicoamericanos en todo Estados Unidos, para enfocarse principalmente en la relación no-gubernamental con México y apoyar proyectos de desarrollo comunitario en el vecino del sur.

El planteamiento de MALI fue un interrogante y experimento: dada, como ya se ha señalado, la institucionalización al nivel nacional del proyecto político pan-étnico latino, con su apego a una agenda exclusivamente doméstica, ¿sería posible y deseable movilizar a los líderes mexicoamericanos en relación a México y una agenda binacional? Desde finales del siglo XIX, los mexicoamericanos, concentrados en la región que anteriormente había formado parte de México, se habían organizado principalmente con propósitos de ayuda mútua y la reivindicación de sus derechos como ciudadanos estadounidenses.

En buena medida para distinguirse de los nuevos migrantes provenientes de México, muchos de los mexicoamericanos más establecidos prefirieron identificarse como “Hispanos,” y a través de múltiples generaciones se formaron organizaciones como La Alianza Hispanoamericana, la League of United Latin American Citizens (LULAC), el Congreso de Pueblos de Habla Española, la Political Association of Spanish-Speaking Organizations (PASSO), la Southwest Council of La Raza (después National Council of La Raza – NCLR), el Congressional Hispanic Caucus y la National Association of Latino Elected and Appointed Officials (NALEO). Ya para el siglo XXI, la costumbre de no identificar una organización explícitamente con México, sino genéricamente como hispano o latino, estaba tan arraigada que muchos participantes desconocían el razonamiento original – el de no ser identificados como extranjeros.

Aun si esta preocupación ya había en buena parte pasado a la historia, el apoyo visible al experimento MALI de la Secretaria Clinton le otorgó a éste una dosis valiosa de legitimidad, por lo menos entre los mexicoamericanos afiliados con el Partido Demócrata. La convocatorias de MALI lograron involucrar a los embajadores de ambos países en varias ocasiones, incluyendo a la propia Secretaria Clinton y al Subsecretario para el Hemisferio Occidental, Arturo Valenzuela. MALI también consiguió financiamiento no-gubernamental para una serie de delegaciones de líderes y activistas mexicoamericanos de las ciudades de San Antonio y Los Angeles que apoyaron proyectos comunitarios en los estados de Chiapas y Yucatán.

Otro aspecto del “experimento MALI” ha sido sus relaciones con establecidas organizaciones latinas — ¿aceptarían éstas la nueva entidad, con su enfoque binacional, como una adición valiosa al paisaje de organismos latinos? Resultó que el planteamiento de MALI y la participación de destacados líderes en sus incipientes filas, en combinación con el apoyo de Clinton y una gama de funcionarios del Departamento de Estado, lograron que MALI pasara esta prueba con creces

Conclusión: Enfoque en México

Por casi un siglo, en repetidas ocasiones, los gobiernos de México y Estados Unidos han intentado acercarse y profundizar sus relaciones y colaboración de manera significativa, ya sea en materia de seguridad, comercio, transporte, migración, educación y más. En casi todos los casos, un gobierno o el otro, o ambos, se han limitado por dudar de la aceptación de la opinión pública interna, y con frequencia los gobiernos se han topado con la decida resistancia de sus críticos y oposición política. Los casos mejor conocidos fueron el debate nacional sobre el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y las frustradas negociaciones para un acuerdo migratorio bilateral en 2001.

Obviamente un elemento que le falta a la relación bilateral son fuertes bases de apoyo social en cada país para un mayor acercamiento e integración. El que millones de mexicanos hayan migrado a Estados Unidos, hasta que hoy en día la población de origen mexicano en aquel país supere los 30 milliones – y sigue creciendo a un ritmo acelerado – se ha vislumbrado como un puente natural de entendimiento y potencial base de apoyo socio-político binacional para la colaboración bilateral. Innovaciones como las de los Cién Amigos y MALI están demostrando la lógica de seguir trabajando sobre este terreno fértil en mira de 2024 y las maneras de mejorar aún más las relaciones bilaterales.

EL PROYECTO

El proyecto Re-imaginando las relaciones México-Estados Unidos: del presente al 2024 de la red Estados Unidos-México en la Universidad del Sur de California está diseñado para presentar un análisis general de varios temas críticos y relevantes a la relación entre México y los Estados Unidos: una introducción general al tema, su estado actual, una proyección para el 2024 y los pasos necesarios para alcanzarla.

 

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