Clean Energy and Intelligent Interconnections

El futuro energético de los EEUU y México: hacia un desarrollo bilateral de gas de lutita y una mayor interconexión fronteriza

por Jeremy M. Martin y Tania Miranda

I. Introducción

 

En una relación bilateral entre México y Estados Unidos caracterizada por una docena de cuestiones que merecen atención, el tema energético destaca. El costo de la energía tiene un enorme impacto en la productividad y la competitividad en las economías de ambos países, y los asuntos energéticos son constantemente un asunto clave del discurso político y de la agenda bilateral. De hecho, muchos de los desafíos energéticos que enfrentan ambas naciones no se limitan a la frontera. Vale la pena notar,  además, que el tema energético en la agenda bilateral ha estado evolucionando de manera importante – y positiva – por las históricas reformas energéticas en México que cambiaron la Constitución en 2013 y su implementación legislativa en 2014.

 

En un panorama energético que cambia rápidamente en ambas naciones, y dentro de la amplia extensión de nuestros complejos sistemas energéticos, tres cuestiones son y serán de particular importancia para ambos países en los próximos años: la llamada transición energética que ha visto un auge en energías renovables, pero también el continuo desarrollo de los recursos energéticos no convencionales, así como las interconexiones eléctricas transfronterizas. En ambos países se ha producido un aumento en el uso de la energía eólica y solar para la generación de energía, pero el gas natural sigue dominando los recursos energéticos no convencionales. En Estados Unidos, esto refleja los avances tecnológicos que han dado lugar a un aumento importante de la producción de shale gas; en México se refleja el creciente cambio de petróleo a gas natural como la materia prima en la generación de energía. Estimaciones indican que 57 GW de nueva capacidad de generación será necesaria en México en los siguientes 15 años para satisfacer la demanda de energía, y más del 30% de esta capacidad eléctrica provendrá de plantas de gas de ciclo combinado.

 

  • Para 2030, la capacidad de energía 100% limpia se triplicará
  • Se verá un incremento de 75% en la capacidad de ciclo combinado

2.2

 

(Source: SENER)

 

La transición energética en curso, la cual se ha acentuado desde diciembre 2015 con el Acuerdo de Paris y el desarrollo de una red más amplia de las interconexiones transfronterizas para la distribución de energía eléctrica más eficientes, es un reflejo de la transición de la nueva producción de electricidad y el perfil del consumo.

 

Enfocándose en estos tres aspectos fundamentales del desarrollo nacional y bilateral de energía, los gobiernos de EE.UU. y de México están apoyando el crecimiento económico y una mayor seguridad energética mediante la promoción del desarrollo de mercados eléctricos en base a una gama más diversificada de fuentes de combustibles amigables con el medio ambiente. Por una parte, en la relación bilateral, históricamente afectada por un debate polarizado, estos asuntos tienen la ventaja añadida de permitir a los oficiales hablar un mismo lenguaje sobre energía, y así facilitar una conversación sin polémica sobre cooperación energética. Desarrollar un marco para la expansión de fuentes de energía renovables, para recursos no convencionales y para conexiones eléctricas transfronterizas es de mutuo interés para México y Estados Unidos.

 

La resultante coincidencia de intereses crean un contexto ventajoso para incrementar la cooperación energética bilateral. De hecho, el compromiso trilateral entre Estados Unidos, México, y Canadá para alcanzar 50% de energía renovable en el sectores eléctrico para 2025 es un claro reflejo de los temas delineados en este capítulo.

 

II. Transición Energética

 

La economía mundial atraviesa por un momento de transición que está modificando la industria energética por completo: de un puñado de grandes productores de energía a miles de pequeños productores independientes, de una relación unidireccional entre productor y consumidor a una que que va en ambos sentidos, y de un sistema donde predominan los combustibles fósiles a uno de fuentes renovables.

 

Incluso antes de la firma del Acuerdo de Paris sobre cambio climático y reducción de emisiones de carbono en diciembre de 2015, el mundo ha estado experimentado una profunda transformación energética. Lo que muchos llaman la decarbonización, la digitalización y la descentralización, estos tres pilares han sido cada vez más aceptados por la industria y el gobierno como soluciones a los desafíos de un sector energético moderno que apoya el desarrollo económico de manera sustentable. La industria de las energías renovables registró niveles record de inversión en 2015 y por sexto año consecutivo superaron a los combustibles fósiles en inversión neta en capacidad añadida.

 

Estados Unidos está a la vanguardia de esta transición hacia una economía post-carbono por una serie de factores que incluyen oportunidades de negocios en innovación tecnológica y una motivación política para alejarse de los combustibles fósiles, lo que ha llevado a las energías renovables al centro del escenario. Solo el año pasado, por ejemplo, los empleos en la industria solar superaron a los de petróleo y gas por primera vez en la historia. Además, el empleo en este sector creció 12 veces más que la creación de empleos en general.

 

Sin embargo, la transición energética en México está apenas en su infancia. Han pasado sólo tres años desde que México aprobó el proyecto de ley energética que autorizó la participación privada en la industria y liberalizó los mercados. Este cambio brinda amplias oportunidades para que las empresas estadounidenses exporten tecnologías y experiencia, inviertan en proyectos y brinden servicios a los nuevos y vastos mercados que actualmente se desarrollan en México. Una ficha descriptiva de la Secretaría de Comercio de Estados Unidos explica que “si México desarrolla un merado de energía limpia fuerte y próspero como resultado de estos factores combinados, es probable que ningún otro mercado apoye más a las exportaciones de Estados Unidos”.

 

De hecho, la inversión y el desarrollo del mercado de las energías renovables están ya en auge. Un artículo de Bloomberg informó recientemente que la inversión en proyectos de energía limpia en México batió un nuevo record, llegando a USD $3,900 millones en 2015. Esta inversión fue USD $1,600 millones mayor que el año anterior. Este crecimiento se debe en gran parte a nuevos mecanismos de financiamiento, y a las apuestas que grandes compañías (muchas de ellas estadunidenses) que operan en México han hecho en el sector, como son el caso de Wal-Mart y Coca-Cola, que invirtieron millones de dólares en energía solar, parques eólicos y plantas de biocombustibles.

 

3.2

(Source: SENER)

 

 

En septiembre de 2016, una licitación gubernamental otorgó contratos para la generación de 8.9 millones de MWh de electricidad, la mayoría de los cuales fueron adjudicados a la generación de energía solar y eólica, lo que equivale a alrededor del 3% del consume eléctrico actual del país. El gobierno estima que esta subasta traerá una inversión de USD $6,600 millones.

 

Además, México no sólo está atrayendo a productores independientes de energía, sino también a fabricantes. SunPower Corp, compañía de energía solar con sede en California (la cual ganó un cuarto de los contratos de energía solar adjudicados en la última subasta), anunció en julio pasado que planea trasladar su planta de fabricación de páneles solares desde Filipinas al norte de México para “optimizar nuestra cadena de valores y trasladar el ensamblaje final de nuestros paneles más cerca de nuestros mercados claves”.

 

Mientras que esta joven industria se vuelve más competitiva en relación con los sistemas convencionales de generación de energía, existe una variedad de instrumentos y políticas que el gobierno de México está utilizando para fomentar el despliegue de fuentes renovables.

 

  1. Ley General de Cambio Climático (LGCC), aprobada por unanimidad por el Congreso de México en abril de 2012

 

México fue uno de los primeros países en desarrollo en aprobar una legislación integral sobre el cambio climático, a través de la cual se comprometió a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en un 30% para 2020 y en 50% para 2050. También se comprometió a generar el 35% de su electricidad a través de fuentes renovables para el 2024. El sector de la energía eléctrica fue específicamente apuntado porque es el emisor de gases de efecto invernadero número uno del país, produciendo más del 60% del total.

 

  1. Ley de la Industria Eléctrica, firmada por el Presidente Peña Nieto en agosto de 2014

 

Esta enmienda al Proyecto de Ley de Reforma Energética abrió la generación y distribución de electricidad al sector privado, liberalizó el mercado y creó un operador de sistema independiente.

 

  1. Ley de Transición Energética, aprobada por el Congreso Mexicano en diciembre de 2015

 

Esta ley establece las Normas de Cartera Renovable (RPS por sus siglas en ingles) en 25% para 2018; 30% para 2021 y 35% para 2024. También creó un mercado de compensación de carbono mediante la introducción de Certificados de Energía Limpia (CELs), asociados a la electricidad producida a partir de fuentes renovables. Los CELs pueden venderse a través de contratos bilaterales o en el mercado al contado, y se pueden comprar para compensar las emisiones que de otro modo serian gravadas, para cumplir con requisitos de cartera limpia o por otras razones voluntarias. Para impulsar el mercado de CELs, la ley requiere que ciertas industrias de uso intensivo de energía cumplan con al menos 5% de su demanda de electricidad de fuentes limpias para 2018, el primer periodo de cumplimiento.

 

La ley también creó el Instituto Nacional de Electricidad y Energía Limpia (INEEL), encargado de coordinar y ejecutar proyectos de investigación y desarrollo, relacionados con tecnologías de energía limpia y con sistemas de transmisión y distribución.

 

  1. El Acuerdo de Paris

 

México ratificó el Acuerdo de Paris en septiembre de 2016, a través del cual se comprometió a reducir las emisiones de GEI en un 25% para 2030 con respecto a su año de referencia, con las emisiones netas alcanzando su máximo en 2026. Este compromiso es consistente con su camino para reducir el 50% con respecto al año base, conforme a lo establecido en la Ley General de Cambio Climático. Además de contar con prioridades de reducción de emisiones en el marco político del país, México está legalmente vinculado a esos objetivos mediante este tratado, uno de los hitos más importantes en la comunidad internacional sobre el cambio climático.

 

  1. Incentivos fiscales

 

El gobierno ha implementado una serie de políticas fiscales para incentivar el despliegue de energías renovables (o desincentivar el uso de combustibles fósiles), como un programa acelerado de depreciación que permite a las empresas e individuos depreciar inmediatamente el 100% de sus gastos en equipos de energía renovable. Esto se ve reforzado por políticas secundarias que incluyen tarifas de alimentación garantizada, leyes de medición neta y acuerdos de compraventa de energía. Por último, el gobierno introdujo un impuesto sobre el carbono en 2014 de alrededor de $39 MXN/tonCO2e. Se aplica a las ventas e importaciones de combustibles fósiles, pero las empresas pueden utilizar CELs para cumplir con las obligaciones fiscales resultantes.

 

Nuevos Mercados Energéticos: Oportunidades para Fortalecer la Cooperación entre Estados Unidos y México

 

La transición energética en México y el reciente auge de los mercados renovables podrían aprovechares como una oportunidad para consolidar la cooperación energética bilateral entre Estados Unidos y México, y los lazos políticos en su conjunto. Para empezar, las autoridades mexicanas han señalado que existe la posibilidad de integrar el mercado de compensación de carbono en México (que se lanzará en 2017) con la Iniciativa Climática de Occidente (WCI, por sus siglas en ingles), la cual está compuesta por California, Quebec, y Ontario. Esta es una gran oportunidad, ya que la WCI abarca el 76% del PIB de Canadá y el 20% de la economía estadunidense. Tener un mercado de compensación de carbono de tres naciones sería un sólido primer paso hacia la integración regional del sistema energético del TLCAN.

 

Además, los secretarios de energía de México (Pedro Joaquín Coldwell), Estados Unidos (Ernest J. Moniz) y Canadá (Rick Carr), firmaron un memorando de entendimiento del Grupo de Trabajo sobre Energía Limpia en febrero de 2016. Los expertos señalaron que este es el primer proyecto de alto nivel sobre la relación energética que va más allá del sector petrolero. El grupo de trabajo se centrará en la creación de redes eléctricas fiables y con bajas emisiones de carbono, la eficiencia energética de edificios y equipos electrodomésticos, y el despliegue de tecnologías de energía limpia. El acuerdo también discute la posibilidad de una infraestructura intercontinental para coches eléctricos. El secretario Carr señaló que, “a partir de hoy, por primera vez, todos los mapas de energía y datos energéticos norteamericanos se incluyen por primera vez en una misma plataforma, lo cual es muy significativo ya que nos permite pensar en la integración energética continental bajo una nueva perspectiva”.

 

La energía limpia también forma parte de la agenda de los tres gobiernos al más alto nivel. El primer ministro canadiense, Justin Trudeau, y los presidentes Barrack Obama y Enrique Peña Nieto anunciaron la creación de una Asociación Norteamericana de Clima, Energía y Medio Ambiente durante la Cumbre de Líderes Norteamericanos, celebrada en junio de 2016. La alianza será un plan de acción de alto nivel diseñado para apoyar el desarrollo de proyectos transfronterizos de transmisión, incluidas las energías renovables. Los tres líderes se comprometieron a alcanzar un objetivo regional de 50% de la producción de electricidad de fuentes renovables (incluyendo energía hidroeléctrica, solar, eólica y nuclear) junto con medidas de eficiencia y de captura y almacenamiento de carbono para 2025.

 

4.2

(Istmo de Tehuantepec, Oaxaca, México

http://cronicadeoaxaca.com/anuncia-banco-de-exportacion-de-dinamarca-inversion-por-mil-mdp-en-energia-eolica-en-oaxaca/)

 

Una Industria Renovable: Retos y Obstáculos

 

Aunque el marco político, los incentivos fiscales y los mecanismos de financiamiento están en marcha para apoyar el crecimiento de esta nueva industria, existen varios desafíos que podrán obstaculizar su pleno potencial. La oposición social y la resistencia de las comunidades indígenas a los megaproyectos eólicos, particularmente en el sur del estado de Oaxaca, son una constante fuente de fricción que tiende a retrasar la finalización de los proyectos. Esto resulta costoso para los desarrolladores y crea una imagen negativa para las instituciones gubernamentales involucradas. Como demuestra la experiencia en Europa y en Estados Unidos, una posible solución es fomentar una mayor participación de la comunidad mediante el compromiso con las autoridades locales y la protección de su derecho a la consulta.

 

El segundo y más importante obstáculo es el técnico. Conforme aumente el porcentaje de la electricidad proveniente de fuentes intermitentes como el viento y la energía solar, México necesitará más energía base y de reserva para mantener el equilibrio entre oferta y demanda. Asimismo, a medida que el sistema energético emigre hacia una generación más distribuida, cuyas fuentes s tienden a situarse lejos de los grandes centros de demanda, las necesidades de inversión en infraestructura de distribución serán grandes. Si bien los esfuerzos hasta la fecha han sido considerables tanto de parte del gobierno como del sector privado, manteniendo la transición energética de México por buen camino, también está el país lejos de alcanzar sus agresivas metas de renovables fijadas para 2018: “El objetivo del gobierno mexicano de triplicar el total de la cantidad de generación de energía limpia y alcanzar la meta de 9.5 GW para el año 2018, es un desafío logístico y operativo enorme para cualquier estándar”.

 

Para hacer frente a este desafío, México tendrá que hacer uso de todos sus recursos; el acoplamiento de dos o más fuentes como la eólica y la hidroeléctrica, medidas de eficiencia más estrictas, y el desarrollo y despliegue de tecnologías innovadoras como el almacenamiento de energía en baterías y las celdas combustibles. Esto, sin embargo, subraya la necesidad de una cooperación binacional más fuerte con Estados Unidos, ya que E.U. enfrenta retos técnicos similares. La cooperación podría incluir la cooperación de universidades y centros de investigación de ambos países en innovación tecnológica. Finalmente, México podría aprender de la vasta experiencia de California en programas y políticas de energía renovable, particularmente en respuesta a una demanda más exigente. Esto es de particular importancia en lo que respecta a la generación distribuida.

 

La generación distribuida se refiere a la energía generada en el punto de consumo (como la solar doméstica), en las instalaciones del cliente/consumidor o cerca de la carga de energía que se está sirviendo. El término engloba a las plantas a escala de utilidad conectadas a una red de transmisión, así como a la generación a menor escala. Hasta ahora, la energía solar fotovoltaica ha liderado el sector de la generación distribuida, pero la pequeña generación hidroeléctrica y eólica también están dentro de la cartera de oportunidades regionales.

 

La generación distribuida trae diversos beneficios. Estos incluyen menores costos, menor complejidad y menor ineficiencia asociada con las pérdidas de transmisión y distribución. Estos factores, a su vez, disminuyen el impacto ambiental de la generación de energía aprovechando las fuentes locales de energía limpia. También hay importantes efectos en el desarrollo económico local, como la generación de trabajos y mayor competitividad. Finalmente, la generación distribuida ha sido parte de un cambio de paradigma que transfiere mayor control al consumidor. Esto ha sido evidenciado en varios estados de Estados Unidos, especialmente California, que puede proporcionar amplias lecciones para un esfuerzo binacional más amplio de cooperación energética, tanto en términos del papel del cliente como de los operadores de la red y las empresas de servicios públicos.

 

California ha establecido ambiciosas Normas de Cartera Renovable de 33% para 2020 y 50% para 2030, lo que le impulsa a adoptar todas las políticas posibles. Particularmente innovador es su Programa de Incentivo de Autogeneración, que proporciona descuentos para sistemas de energía distribuidos instalados en los contadores de los propios clientes, lo que mejora la rentabilidad de los sistemas solares, especialmente en los edificios industriales comerciales. Como muchos de los desarrolladores de tecnología y fabricantes de sistemas de almacenamiento de energía son empresas californianas, la introducción de éstos en grandes centros industriales en México como un programa piloto podría impulsar el discurso binacional de energía entre los dos países.

 

III. Interconexión Eléctrica Transfronteriza – Fomento de las Energías Renovables y el Comercio Eléctrico

 

El potencial para la interconexión eléctrica transfronteriza es sabido desde hace mucho tiempo, si bien no se ha explotado. Hasta la fecha, existen nueve interconexiones entre los Estados Unidos y México, pero sólo cuatro operan regularmente ya que las otras cinco se mantienen en reserva, sólo para uso de emergencia.

Según un informe de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en ingles), las conexiones activas más importantes son entre el estado mexicano de Baja California (con una capacidad combinada de 800 MW) y el sistema de transmisión regional para el oeste de Estados Unidos y Canadá: El Consejo Coordinador de Western Electric (WECC). La conexión entre Ciudad Juárez y El Paso, Texas (200 MW de potencia) así como la conexión con el sistema de transmisión regional del Consejo de Confiabilidad Eléctrica de Texas (ERCOT) se utilizan principalmente para situaciones de emergencia. La única interconexión permitida para operaciones regulares en Texas se encuentra en la zona de Eagle Pass-Piedras Negras y tiene una capacidad de sólo 36 MW.

 

Estas estadísticas resaltan la existencia de importantes interconexiones eléctricas entre los Estados Unidos y México y ofrecen un pequeño sentido de la profunda subutilización del potencial transfronterizo. De hecho, existe un fuerte argumento a favor de expandir esta infraestructura para permitir que ambos países aprovechen escenarios de oferta y demanda, como el creado por la cartera de renovables de California. A lo largo de la frontera, y en gran parte debido a la monumental revisión del sector eléctrico mexicano y la apertura del mercado, se han logrado avances en los planes para mejorar el intercambio transfronterizo de energía y desarrollar hasta siete nuevos proyectos de interconexión eléctrica en el corto y mediano plazo .

 

Excedentes de Energía Coincidentes con la  Cartera Renovable – Ejemplo de Baja California y California

 

La conexión de California y Baja California ilustra de manera muy efectiva el potencial para construir un enfoque binacional mutuamente beneficioso para la seguridad energética en el área de provisión de electricidad en la región fronteriza y el papel que la energía renovable puede jugar en un futuro energético compartido. La Madre Naturaleza ha bendecido la región de Baja California-California con un enorme potencial para la generación de energía alternativa, especialmente solar y eólica. De hecho, se estima que Baja California posee la segunda mayor fuente potencial de energía eólica de México. Pero tal vez igual de importante, Baja California posee mucho más potencial renovable de lo que su pequeña población puede consumir. Incluso después de tomar en cuenta el creciente consumo de energía del estado, el prospecto energético actual de Baja California apunta a la posibilidad de un superávit energético a largo plazo. El truco será encontrar una manera de igualar el excedente de energía producida por Baja con la creciente demanda de electricidad de California. La Estrategia de Cartera de Renovables de California aumentó el porcentaje de consumo de energía que se debe obtener de fuentes renovables a 33% para 2020, proporcionando un poderoso incentivo para acceder a nuevas fuentes de energías renovables. Baja California está a la espera.

 

El desafío es crear las interconexiones eléctricas que puedan combinar el exceso grande y probablemente creciente de producción de energía renovable de Baja California con la demanda del mercado en California. Como tal, este potencial mercado binacional es sólo un ejemplo de las posibilidades y la lógica de una mayor cooperación transfronteriza en la distribución de recursos energéticos limpios. Desafortunadamente, la desconexión entre los formuladores de políticas, los desarrolladores de proyectos y el gobierno de ambos lados de la frontera ha dificultado esto, lo que resalta la necesidad de fortalecer y profundizar la cooperación bilateral.

 

Para hacer frente a este desafío, México y Estados Unidos crearon en 2010 un Grupo de Trabajo sobre Electricidad Transfronteriza con el mandato de promover los mercados regionales de energía renovable entre los dos países. Específicamente, el grupo de trabajo se encargó de revisar las oportunidades y obstáculos al comercio transfronterizo de energía renovable, avanzar opciones sobre normas, transmisión de electricidad, conexiones a la red y crear incentivos de mercado para la inversión y el comercio de tecnologías limpias. También en la vanguardia de este esfuerzo está el compromiso de aumentar la confiabilidad y resistencia de la red eléctrica, en parte colaborando en estándares y tecnología de redes inteligentes, y para hacer el uso de energía más eficiente y confiable en ambos países. Este marco bilateral debería adoptarse de manera mucho más enérgica como medio para mejorar la cooperación política y técnica y el intercambio de información y para facilitar los esfuerzos conjuntos para desarrollar economías verdes e implementar tecnologías de energía limpia.

 

Propuestas de Política Pública

 

Ha habido algunos avances hacia la interconexión de los sistemas eléctricos de México y Estados Unidos, como demuestra el ejemplo de Baja California-California. Pero este y otros esfuerzos bilaterales existentes de interconexión eléctrica deberían ser reforzados y ampliados. Para desarrollar un sector de energía renovable viable y eficiente que pueda avanzar la seguridad energética binacional en el área de las energías renovables, es esencial eliminar las restricciones impuestas por la frontera.

 

La experiencia en este campo sugiere que para lograr este objetivo hay una serie de cuestiones que los encargados de formular las políticas deben abordar a corto y mediano plazo, por lo que cualquier estrategia exitosa debe dar prioridad a las soluciones de política.

 

Como prioridad de la agenda política deben estar medidas para racionalizar el proceso de permisos en ambos lados de la frontera para hacer frente a los requisitos de tiempo y eliminar la duplicación de esfuerzos. En un mundo perfecto, ambos gobiernos también se esforzarán por calcular un precio de mercado para las emisiones de carbono, lo cual se alimenta directamente de la necesidad de establecer normas nacionales renovables. Juntos, estos esfuerzos contribuirían en gran medida a abordar cuestiones ambientales y financieras. Los expertos también señalan la importancia de permitir las importaciones sin restricciones, el desarrollo de la mano de obra y la migración de trabajadores, y la creación de certidumbre en las reglas de asignación de costos y la integración de medidores inteligentes.

 

Además, el establecimiento de un sólido mercado transfronterizo de energía eléctrica renovable se beneficiaría de la creación de una estructura institucional que facilite y promueva el intercambio binacional de información. La generación y transmisión de energía eléctrica, especialmente cuando requieren proyectos de infraestructura a gran escala, impactan directamente a las comunidades locales y a menudo generan preocupación pública. Para hacer frente a esto, se requieren líneas abiertas de comunicación entre las comunidades y los gobiernos, y haciendo esto en un contexto binacional sería asistido por grupos bilaterales locales y regionales encargados de abordar los temas de manera directa y eficiente.

 

Por último, es necesario educar a los encargados de formular políticas públicas sobre los procesos y las entidades que participan en el desarrollo de proyectos transfronterizos de generación y transmisión de electricidad, así como sobre los obstáculos y los mecanismos existentes diseñados para abordar cuestiones clave. Estar mejor informado ayudaría a los encargados de formular las políticas para ser más consistentes y así fomentar un mercado de energía renovable eficiente en la frontera. En este sentido, y para la coordinación binacional de la electricidad en términos más generales, es primordial la revigorización del Grupo de Trabajo sobre Electricidad Transfronteriza.

 

IV. Gas Natural y Lecciones de la Revolución del Shale Gas – Hacia un Mercado Binacional

 

México ocupa un lugar destacado en la discusión sobre el desarrollo de los recursos no convencionales de shale gas y su importancia para las perspectivas energéticas regionales. Como se señala en el informe especial de julio de 2012 de The Economist sobre el gas natural, el uso del gas natural en la generación de energía se expandió drásticamente en los últimos años debido al desarrollo de las turbinas de gas de ciclo combinado que aumentó la eficiencia de generación de gas y redujo las emisiones de carbono a la mitad. México ha sido un claro ejemplo en esta tendencia, ya que la empresa estatal de electricidad – Comisión Federal de Electricidad (CFE) – ha adoptado esta tecnología para nuevas capacidades de generación.

 

Estos desarrollos son de particular importancia para México, donde se espera que la demanda de electricidad crezca en casi 4% al año durante los próximos 15 años, y ya que es un país con amplias reservas de gas natural sin explotar. México estima que sus reservas de gas natural son de alrededor de 16 billones de pies cúbicos (TCF), pero un informe de 2011 de la Administración de Información de Energía (EIA, por sus siglas en inglés) sitúa el potencial de shale gas en México en 680 TCF, detrás de Argentina, el primero en América Latina y el cuarto más grande del mundo.

 

El potencial asociado con las cifras de la EIA del shale gas en México no ha pasado desapercibido por los funcionarios mexicanos de energía. De hecho, algunos han abogado cada vez más por una “revolución de shale gas” y por la posibilidad de que éste impulse una industria petroquímica rezagada. Sin el llamado gas de esquisto, la producción doméstica de gas natural en México nunca será suficiente para cubrir la demanda, pero con el desarrollo del shale gas, México podría posicionarse para pasar de su condición actual de importador de gas natural a un importante jugador internacional.

 

Como recordatorio, la petrolera mexicana, Pemex, tenía hasta 2013 un monopolio sobre la producción de gas. Hasta hace poco, las grandes y fácilmente explotables reservas de petróleo le habían llevado a priorizar la exploración y producción de petróleo, con el precio de dejar pasar grandes oportunidades en gas natural. Según SENER, esto significó que mientras que las ventas domésticas de gas natural en México subieron 70% en la última década, la producción creció en sólo 46%. Este desequilibrio entre oferta y demanda fue subrayado de manera tangible en el verano de 2012, cuando Pemex fue incapaz de suministrarle  gas natural a algunos de los mayores y más importantes consumidores industriales en México. Estos recortes se han superado desde entonces y, según la nueva Comisión Reguladora de Energía (CRE) de México, no ha habido interrupciones ni alertas críticas durante más de tres años. También ha significado que México ha confiado en el gas importado de los Estados Unidos para satisfacer sus crecientes necesidades en lugar de producir gas en el país. En gran medida, el compromiso de la CFE de desarrollar proyectos de ciclo combinado y convertir las plantas más antiguas de gasolina a gas natural ha sido un importante motor de demanda de gas natural,  aumentando aún más las importaciones de los Estados Unidos.

 

5.2

 

De hecho, la revolución de shale en Estados Unidos y la creciente demanda en México han creado un boom en las importaciones de gas natural a México. La licitación de miles de millas de infraestructura y una apuesta masiva por parte del gobierno de Peña Nieto en proyectos de oleoductos para aprovechar el alza económica del gas natural más barato de los Estados Unidos ha sido paliativo, mientras que México sortea sus retos previos y décadas de intransigencia en la inversión privada. De hecho, el año 2015 registró el mayor repunte en las exportaciones de gas natural de Estados Unidos a México, impulsado en parte por el diferencial de precios antes mencionado y el aumento de la infraestructura de transmisión e industrial.

 

Según el Plan de Gasoducto de Cinco Años del Gobierno Mexicano, habrá una expansión considerable para el 2019, incluyendo 10 nuevos oleoductos estratégicos, 2 oleoductos de cobertura social, 7 interconexiones con Estados Unidos y una interconexión con Centroamérica. El plan estima que estos proyectos sumarán una inversión nueva en el orden de $16 mil millones.

7.2

 

Cuando se trata del potencial de shale gas de México, Pemex centra sus esfuerzos de exploración en cinco áreas: Chihuahua, Salinas-Burgos-Picachos, Burgos, Tampico-Misantla y Veracruz. Los tres primeros de éstos se consideran extensiones de la formación Eagle Ford basada en Texas. Este hecho geográfico es extremadamente importante para los responsables de la política energética de ambos lados de la frontera. La experiencia reciente en la gestión de los recursos energéticos transfronterizos en el Golfo de México ha demostrado tanto la necesidad de una cooperación binacional significativa para enfrentar las cuestiones asociadas con el desarrollo del potencial energético masivo que no termina en la frontera terrestre, marítima, y la capacidad de hacerlo.

 

En Los Cabos, México, en febrero de 2012, México y Estados Unidos firmaron un acuerdo de hidrocarburos transfronterizos. Este acuerdo delineó las guías legales para el desarrollo conjunto de yacimientos de petróleo de aproximadamente 1,5 millones hectáreas de tamaño, que se extienden a ambos lados de la frontera marítima en el Golfo de México. Específicamente, las empresas estadounidenses se unen a la petrolera mexicana para desarrollar estos recursos petroleros en aguas profundas y, como resultado, terminó con una moratoria de larga data sobre la exploración y producción de petróleo y gas en esta región.

 

En su discurso en la ceremonia de firma, la ex secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, dijo que el acuerdo es parte del compromiso por mejorar la seguridad energética de ambos países y garantizar una exploración segura, eficiente y responsable de los yacimientos de petróleo y gas en el Golfo de México. También ofrece un modelo para el desarrollo futuro de las reservas de gas de esquisto en aquellas porciones de la Formación Eagle Ford que atraviesan la frontera terrestre de los dos países.

 

Desarrollo del Shale Gas Mexicano: Obstáculos y Desafíos

 

Más allá de la cooperación transfronteriza, la capacidad de México para manejar la ola de shale gas depende de su capacidad para superar importantes obstáculos y desafíos asociados con su desarrollo y cómo estos podrían crear oportunidades adicionales para la cooperación energética bilateral.

9.2

Como demuestra el desarrollo del gas de esquisto en los Estados Unidos, la tecnología es la clave para el desarrollo exitoso de recursos no convencionales. El acceso a la tecnología y el conocimiento operacional es por lo tanto crítico para la capacidad de México para extraer gas natural de una manera rentable. Sin embargo, los costos asociados con el desarrollo del shale gas reflejan el gran número de pozos que se necesitan perforar, la concesión de licencias de tecnología, la contratación de trabajadores capacitados en su operación y la construcción de la infraestructura correspondiente.

 

Como consecuencia, la creación del marco de políticas y los incentivos de mercado asociados para adquirir acceso a la tecnología de vanguardia y capital es un requisito previo necesario para el desarrollo exitoso del shale gas en México. Al igual que ocurre con el petróleo, hacer frente al  obstáculo de una inversión creciente es fundamental para los esfuerzos de reforma y la revisión en curso. Mientras se han llevado a cabo rondas de licitación, Pemex mantiene un monopolio efectivo sobre la producción de gas natural en México. El aplazamiento de la subasta propuesta para las partidas de shale originalmente planeadas para la Primera Convocatoria tendrá que ser abordado en 2017 como parte de la reforma más amplia, pero también en términos de participación privada para ayudar a Pemex y a México a desarrollar sus reservas de gas natural, hasta ahora subexplotadas. Como se detalla en el Plan Quinquenal de Gas Natural, el gobierno mexicano ha establecido sus intenciones de incluir bloques de shale en futuras subastas; muchos esperan que se incluya una primera ronda de bloques de shale en las últimas fases del proceso de subasta de la Segunda Ronda.

 

También hay elementos financieros críticos para el desarrollo de recursos no convencionales, y los ejemplos de capital de riesgo y modelos financieros en los Estados Unidos merecen una evaluación en México. Ha habido desarrollos interesantes como el modelo de financiamiento de infraestructura Fibra E que se está desplegando lentamente en México. De acuerdo con un documento de política de PWC, la FIBRA-E ofrecerá ventajas tributarias y económicas significativas similares a las de las estructuras de Master Limited Partnership (MLP) utilizadas en otros países. Esta estructura permite efectivamente un aplazamiento del impuesto sobre la renta de hasta el 5% de los beneficios imponibles sobre la actividad y elimina el impuesto al dividendo mexicano sobre las distribuciones correspondientes a las actividades designadas.

 

Las preocupaciones ambientales, al igual que las que están afectando el debate en EE.UU., también son capaces de influir en el desarrollo de shale en México. Los críticos sostienen que los métodos utilizados para extraer el shale gas, específicamente el método conocido como “fracking,” son dañinos y contaminan las aguas subterráneas circundantes. Además, el desarrollo de shale exige grandes cantidades de agua, mientras que las aguas residuales y su eliminación siguen siendo un desafío. Un informe del MIT sugiere que estas preocupaciones son exageradas. Señala que el desarrollo de shale tiene un buen historial ambiental con casos muy limitados de contaminación de aguas subterráneas en los más de 20.000 pozos perforados durante la última década analizados en el informe. Cuando se trata de la cuestión del uso del agua, el informe concluye que en muchos casos el desarrollo de shale utiliza menos agua que la minería o la ganadería. Las fuerzas a favor del fracking señalan que el uso de un pozo de shale gas es de aproximadamente cinco millones de galones de agua durante su vida útil, que equivale a la cantidad consumida por un campo de golf en Florida en el trascurso de tres semanas. Sin embargo, persiste una fuerte oposición ambiental a este método de extracción.

 

También hay cuestiones económicas que considerar para el desarrollo del shale gas. La dramática expansión de la producción de shale gas en los Estados Unidos ha reducido los precios del gas natural, lo que ha impedido la producción de gas en el resto del hemisferio y, especialmente en el caso mexicano, ha hecho más barato importar gas natural de EE.UU. que desarrollar los recursos locales. Pero este último punto supone la existencia de infraestructura suficiente para mover suministros entre los dos mercados, específicamente la infraestructura de ductos. Los proyectos que están siendo desarrollados por el gobierno y Pemex, si bien son importantes, sólo ofrecen una capacidad limitada para satisfacer la demanda proyectada de gas natural en México.

 

Propuesta Política: Un Consejo de Gas México-Estados Unidos

 

Al crear un nuevo contexto para el discurso binacional de la energía, el auge del shale gas y los desafíos asociados con él han cambiado el contexto para la cooperación energética entre Estados Unidos y México. Al compartir las tecnológicas, los modelos empresariales para el financiamiento y la inversión, y la gestión de las cuestiones ambientales, se puede mejorar la seguridad energética de ambas naciones.

 

Más allá de los esfuerzos nacionales, el siguiente paso lógico bilateral sería la formación de un foro público-privado: consejo de shale gas México-Estados Unidos. El consejo podría en parte ser modelado a semejanza del Consejo Nacional de Petróleo de Estados Unidos, pero con un enfoque más específico para el gas natural no convencional. La misión del Consejo consistiría en difundir las enseñanzas extraídas de las experiencias mundiales y en proporcionar asesoramiento y recomendaciones específicas para el contexto bilateral. Por ejemplo, el Consejo podría evaluar la viabilidad de un acuerdo bilateral sobre el desarrollo transfronterizo de shale gas posiblemente inspirado en el acuerdo sobre hidrocarburos transfronterizos. El Consejo también podría examinar la adecuación de la infraestructura de gas natural entre México y los Estados Unidos y recomendar formas de mejorar su capacidad para el desarrollo de mercados binacionales, y específicamente su capacidad para apoyar la creciente demanda por gas en ambas naciones. Pero quizás lo más útil y pertinente sería la consideración del desarrollo de un mapa de ruta binacional para la gestión de los desafíos ambientales del shale gas, particularmente aquellos relacionados con el uso del agua.

 

En términos de estructura, el Consejo propuesto estaría compuesto de funcionarios de energía y medio ambiente de ambos gobiernos junto con representantes de la industria de gas natural, finanzas, think tanks y ONGs medioambientales. Esta estructura plural garantizará la representación de una amplia gama de puntos de vista, experiencias y perspectivas para que las recomendaciones del Consejo produzcan resultados de políticas que sean estables con el paso del tiempo y reflejen el amplio interés público de ambas sociedades. De acuerdo con su carácter binacional, el Presidente y el Vicepresidente serían rotados cada año entre México y los Estados Unidos. El Consejo tendría la tarea de elaborar un informe anual, aprobado por sus miembros, y distribuido a los funcionarios del poder ejecutivo y a las autoridades responsables de la formulación de políticas en materia de energía y medio ambiente en ambos países. Los objetivos clave de la política se establecerían al principio de cada año con el informe anual, presentado al final, que reflejará el análisis del Consejo y las prioridades políticas.

 

V. Conclusión

 

Los problemas energéticos en la relación bilateral entre Estados Unidos y México son de importancia crítica para ambas naciones. Y como ocurre con muchas áreas de la relación bilateral, en los últimos años se han producido grandes avances en la profundización de los bonos energéticos de las dos naciones. El contexto energético, que está en constante cambio, crea dinamismo en el ámbito de la energía que a su vez produce oportunidades para una relación bilateral más sólida.

 

Este ensayo se ha centrado en el impacto de la transición energética mundial, así como el papel del gas natural y el desarrollo de recursos energéticos no convencionales y la interconexión eléctrica transfronteriza. Estos tres elementos se encuentran entre los desafíos energéticos más importantes que enfrentan ambas naciones, y son áreas propicias para una cooperación transfronteriza activa. Al centrarse en estos aspectos del desarrollo energético nacional y bilateral, los gobiernos de Estados Unidos y México promoverían el crecimiento económico, mejorarían la seguridad energética y promoverían el desarrollo del mercado eléctrico basado en fuentes de combustible más diversificadas y verdes. Además de representar un ámbito en el que predominan los escenarios de “ganar-ganar”, esta política energética también presenta la oportunidad de eliminar temas polémicos de discusiones bilaterales de energía y permitir a los funcionarios hablar un mismo idioma. Esto ya está ocurriendo, como destaca la discusión anterior del intercambio de gas natural entre países, así como el compromiso de producción del 50% de electricidad a partir de fuentes renovables en América del Norte para 2025. Afortunadamente, los actores clave de ambos lados de la frontera se están percatando cada vez más de la ventaja – tanto económica como política – de desarrollar conjuntamente recursos energéticos no convencionales e interconexiones inteligentes.

Jeremy M. Martin es actualmente director del programa de energía del Instituto de las Américas de la Universidad de California, San Diego.

Tania Miranda estudia en la Universidad Johns Hopkins, y se especializa en sistemas de energía renovable y en la política energética de México.

EL PROYECTO

El proyecto Re-imaginando las relaciones México-Estados Unidos: del presente al 2024 de la red Estados Unidos-México en la Universidad del Sur de California está diseñado para presentar un análisis general de varios temas críticos y relevantes a la relación entre México y los Estados Unidos: una introducción general al tema, su estado actual, una proyección para el 2024 y los pasos necesarios para alcanzarla.

 

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