La cooperación en seguridad entre Estados Unidos y México

Cooperación en seguridad entre EEUU y México: Hoy, ayer y el futuro que queremos

por Editors

By Viridiana Ríos

 

“El Chapo se tiene que quedar aquí a cumplir su condena y después lo extradito. Unos 300-400 años después lo
extradito” – Procurador General de México en Enero, 2015

“La indicación es (…) lograr, lo más pronto posible la extradición [de El Chapo]”
–Presidente de México en Enero, 2016

Este capítulo analiza la relación que existe entre Estados Unidos (EEUU) y México en materia de seguridad. El texto analiza las principales características y prioridades que tiene esta relación, los cambios más recientes que ésta ha enfrentado, y provee de cinco recomendaciones concretas con miras a tener una colaboración más sana, profunda e igualitaria entre ambos países en el futuro cercano.

El texto se divide en tres partes. Una primera discute los cambios más recientes que ha tenido la relación entre ambos países, incluyendo sus hitos más relevantes.  La meta es lograr entender cómo se ha llegado al tipo de relación que ambos países tienen actualmente. Una segunda parte identifica las principales características de esta relación, analizando las cuatro principales prioridades que se han fijado ambos países y proveyendo información puntual y ejemplos sobre políticas implementadas para satisfacer cada una de ellas. Finalmente, una tercera discute el tipo de relación que ambos países debieran tener en el futuro cercano (fijando como meta hipotética el 2024), y provee de cinco recomendaciones concretas que faciliten llegar a este tipo de relación.

  1. ¿Cómo llegamos a la relación actual entre EEUU y México en materia de seguridad?

Las 1,951 millas de frontera que existen entre EEUU y México tienen una larga historia de cooperación en materia de seguridad.  La relación ha tomado muchas formas y enfoques. México y EEUU ha tenido momentos en los que su colaboración en materia de seguridad ha sido francamente ineficiente y débil. El periodo conocido como “La Gran Campaña”, por ejemplo, una campaña que comenzó después de la segunda Guerra Mundial para supuestamente reducir el narcotráfico, era en realidad una simulación por parte de México, con muy pocos recursos vertidos en reducir el comercio ilegal (O’Neil 2014). La relación también ha tenido momentos de mayor eficacia pero a costa de un alto paternalismo. A mediados de los ochenta y los noventa, por ejemplo, México comenzó a dedicar mayores esfuerzos a la lucha contra el narcotráfico  principalmente cuando, a partir de 1986, EEUU decretó la creación de un “proceso de certificación”. Este proceso era una certificación anual realizada por EEUU para determinar si México estaba cumpliendo con los acuerdos en materia de lucha contra el narcotráfico (O’Neil 2014). Así mismo, la relación entre ambos países ha cambiado de enfoque a lo largo del tiempo, centrándose primero en un enfoque principalmente de seguridad comercial, particularmente cuando se firmó NAFTA en 1994, y cambiando hacia  un enfoque de seguridad nacional   después de los ataques terroristas de 9/11 en 2001 (Shirk 2015).

Siendo la relación entre EEUU y México una relación tan fluctuante, si tuviéramos que escoger el momento histórico en el cual tomó la forma que tiene actualmente, ese momento sería, sin duda, el año 2006. La llegada del Presidente Calderón en 2006 marcó un hito para la relación entre ambos países porque fue la primera administración mexicana en abanderar la guerra contra las drogas como una política de seguridad interna, en vez de como una política de cooperación internacional con EEUU. En otras palabras, con la llegada de Calderón la lucha contra las drogas dejó de ser una lucha simbólica para colaborar con Estados Unidos, y comenzó a ser una lucha en contra del crimen organizado que operaba con impunidad en México.

El cambio se explica por cambios en la forma de operación del crimen organizado mexicano. Después de los acontecimientos sucedidos en septiembre del 2001, EEUU reforzó la seguridad fronteriza lo que dificultó la entrada de drogas el territorio estadunidense e incrementó el valor del control de los cruces fronterizos principales. Paralelamente  se redujo el consumo de droga en EEUU. El exceso de oferta al que se enfrentaban los cárteles mexicanos se convirtió en un incentivo para vender sus productos en México. Finalmente, a partir de la llegada de la oposición a la presidencia, en el 2000, la capacidad del Estado mexicano para coordinar sus tres niveles de gobierno en una sola política de seguridad se vio reducida (Rios 2012). En respuesta, los cárteles de la droga se expandieron, fortalecieron la venta de drogas en México e incrementaron su violencia (Rios 2012). Ante esta nueva realidad criminal, reducir la influencia de los cárteles se volvió una forma de reducir la victimización en México, no nada más una forma de apoyar a EEUU.

Así, poco después de la llegada de Calderón, ambos países diseñaron la Iniciativa Mérida, la principal herramienta de cooperación en materia de seguridad que existe actualmente entre ambos países. En ella, EEUU se comprometió a proporcionar recursos a México y a reducir el tráfico de armas y la demanda por drogas. Por su parte, México se comprometió a atacar el narcotráfico, mejorar su sistema de justicia y reducir la corrupción[1] (Finklea y Seelke 2016).  La Iniciativa Mérida fue aprobada en 2007 y comenzó a operar en 2008, creando una colaboración históricamente estrecha entre ambos países.

Sin embargo, en diciembre del 2012, una nueva administración tomo el poder en México y la relación entre ambos países se enfrió (Olson 2016). El nuevo gobierno mexicano, liderado por el Presidente Peña Nieto tenía tendencias más centralistas y quería mantener un control más fuerte de la colaboración en materia de seguridad. A razón de ello, México comenzó una restructuración de sus mecanismos de colaboración en materia de seguridad, transformando o desmantelando muchas de las instituciones con las que EEUU había tenido contacto. Entre los cambios más controversiales estuvo la creación de una política de “ventana única” que obligaba a las autoridades estadounidenses a canalizar todas sus interacciones a través de la autoridad federal mexicana, en vez de, como habían hecho en años anteriores, relacionarse directamente con los gobiernos locales mexicanos.

La relación se mantuvo fría hasta que, de forma inesperada,  a mediados del 2015 el jefe del Cártel de Sinaloa, El Chapo Guzmán, se fugó[2] por segunda vez de un penal de máxima seguridad. El gobierno de Enrique Peña nieto cambió su discurso de forma radical, de uno que evitaba la extradición de El Chapo, a uno en el que su extradición sería prácticamente inmediata al momento de lograr su re-captura. En parte, ello se debió a que México no podría darse el lujo de que El Chapo volviera a escapar de prisión de nuevo. Si bien no hay certeza de que haya habido colaboración entre ambos países para lograr la re-captura del El Chapo Guzmán en 2016, lo cierto es que las discusiones sobre extradición hubieran sido impensables hace un par de años, cuando la administración de Peña Nieto tenía poco tiempo de haber llegado y El Chapo Guzmán acababa de ser capturado luego de su primera fuga.

  1. ¿Cómo es la relación actual entre EEUU y México en materia de seguridad?

La relación entre EEUU y México en materia de seguridad tiene cinco prioridades, no todas con un mismo peso. De acuerdo al total de recursos que se han invertido en cada una de ellas (véase Olson 2016), podemos deducir que, por orden de importancia, las prioridades son: (1) fortalecer el sistema de justicia mexicano (58% del total de recursos otorgados), (2) eliminar a los grupos criminales organizados (16%), (3) crear infraestructura fronteriza para tener una frontera inteligente (16%), (4) prevenir del crimen (10%) y (5) luchar contra el terrorismo.

En lo subsecuente, describo cada una de ellas:

Área de colaboración #1: Fortalecer el estado de derecho y el sistema de justicia en México. Ambos países colaboran para poder implementar (1) una reforma de justicia que permita mejorar la eficiencia y eficacia de la impartición de justicia en México, y (2) una reforma policial que permita tener un sistema adecuado de procuración de justicia a lo largo del territorio mexicano (Finklea y Seelke 2016).

  • EEUU y México colaboran para implementar la reforma de justicia que México aprobó en 2008. Esta reforma, que de acuerdo a la legislación Mexicana deberá estar completamente implementada para junio de 2016, permite que México deje de ser un sistema inquisitorio, y pase a ser uno adversarial[3]. Las acciones de colaboración en esta materia son varias. EEUU ha destinado fondos para equipar y entrenar a la Policía Federal mexicana, y a policías locales y ministerios públicos de algunos estados como Chihuahua, Nuevo León, Puebla y Sonora, a construir y desarrollar capacidades forenses, y a mejorar el sistema penitenciario federal (Seelke 2013). El Departamento de Estado de EEUU también ha entrenado policías federales y locales para que puedan desarrollar las capacidades de investigación que requerirán en el sistema acusatorio. Además, ha trabajado de forma directa con la Procuraduría General de la República (PGR) de México en un programa de capacitación llamado “Proyecto Diamante” que promueve el trabajo en equipo a lo largo de toda la cadena de procuración e impartición de justicia nivel federal (Finklea y Seelke 2016).
  • EEUU y México han establecido lazos de colaboración para profesionalizar a la policía mexicana. La profesionalización es de alta relevancia para México porque es el primer eslabón de un sistema de justicia efectivo, y lo es también para EEUU porque, en la medida en la que las policías mexicanas se profesionalicen, podrá aumentar la colaboración y confianza entre autoridades americanas como la Policía Fronteriza y autoridades mexicanas como la Policía Federal. Las acciones de colaboración respecto a la reforma policial se han desarrollado en menor medida debido a que México aún no ha logrado aprobar las reformas legales necesarias para implementar un único mando policial. A pesar de ello, EEUU ha destinado cerca de 24 millones de dólares a la compra de equipo y entrenamiento de policías federales y locales (Finklea y Seelke 2016). Entre los temas a los que se ha dado prioridad están la creación de oficinas de asuntos internos, la centralización de información sobre el personal y la creación de procedimientos estándar que puedan ser aplicados a todos los departamentos de la policía (Finklea y Seelke 2016). Parte de la colaboración también ha ido dirigida a fortalecer a los organismos de la sociedad civil que en ambos lados de la frontera que realizan labores de observación y evaluación de cuerpos policiacos en México (Shirk 2016).

Área de colaboración #2: Eliminar grupos criminales organizados. La intención primordial es impedir que los cárteles, especialmente el grupo criminal “Los Zetas”, se conviertan en una amenaza directa para el estado mexicano. Además, se trata de  evitar que los grupos criminales realicen actividades de tráfico de drogas hacia EEUU, de tráfico de armas hacia México, y de lavado de dinero en ambos países.

Esta área de colaboración es, entre todas, la que tiene una historia más rica, comenzando a cobrar relevancia desde que el Presidente Nixon declaró una “guerra contra las drogas” en junio de 1971.  La colaboración entre ambos países incluye operaciones de fuerza conjunta (colaboración en la búsqueda y captura de sospechosos), y de compra de equipo que permita mejorar las capacidades de investigación y rastreo de las autoridades mexicanas (Finklea y Seelke 2016). De hecho, las operaciones conjuntas entre ambos países son más comunes de lo que pareciera a primera vista. Autoridades mexicanas colaboran con una variedad de organizaciones americanas entre las que destacan el Departamento de Estado e ICE (siglas de “Immigration and Customs Enforcement”) y en operaciones conjuntas entre México, EEUU y Canadá como parte de BEST (siglas de “Border Enforcement Security Task Force”) (Finklea y Seelke 2016). Además, se ha invertido un total de 13 millones de dólares en infraestructura de comunicación entre las ciudades de EEUU y México para poder compartir información (Finklea y Seelke 2016). En materia de compra de equipo y entrenamiento, EEUU ha destinado cerca de 590 millones de dólares a la compra de aeronaves, helicópteros y equipo forense para las actividades mexicanas tan solo del 2008 al 2010 (Finklea y Seelke 2016). Así mismo, ha dedicado 340 equipos caninos a embargar, rastrear y confiscar drogas ilegales, armas y dinero sucio y 20 millones de dólares a financiar las actividades de la unidad de inteligencia de la PGR, encargada de analizar actividades sospechosas de lavado de dinero (Finklea y Seelke 2016).

Área de colaboración #3: Infraestructura para crear una frontera inteligente.  Una frontera  inteligente es aquella que es suficientemente porosa y eficiente para permitir un comercio rápido y eficaz, pero suficientemente vigilada para que no puedan introducirse mercancías ilegales, migrantes indocumentados o terroristas en ninguno de los dos países.

Recientemente se han dado pasos importantes en esta materia. En 2016, ambos países lograron terminar lo que era conocido como “El Puente hacia ningún lado”, una obra de infraestructura que comunica Texas con Chihuahua, pero que había quedado inconcluso porque la parte mexicana no había logrado construirse (Wayne and Wilson 2016). Ahora el puente está en operaciones y ayudará a mejorar el comercio entre ambos países. Además, se inauguraron las primeras instalaciones para inspeccionar transporte de carga desde México (San Isidro-Tijuana), con oficiales de ambos países, logrando un tránsito más rápido a California (Wayne and Wilson 2016). El “Programa de Pre-Inspección de Carga” operará en tres puntos de la frontera, y fue posible sólo porque en 2014 el Congreso mexicano pasó una ley permitiendo que las autoridades migratorias y aduaneras de EEUU pudieran portar armas en México (Finklea y Seelke 2016).  En 2015, además, se puso en operación un crucero de trenes entre ambos países (Brownsville-Matamoros) y un puente que conecta el aeropuerto de Tijuana con California (Wayne and Wilson 2016)[4].

Área de colaboración #4: Prevención del Crimen.  Esta es el área más reciente de colaboración en materia de seguridad entre EEUU y México. Comenzó a operar oficialmente en 2011 y desde entonces ha recibido cerca de 100 millones de dólares de ayuda por parte de EEUU para crear programas de prevención del crimen colaborando con organizaciones civiles y autoridades federales y estatales en México (Finklea y Seelke 2016).

La intención de esta área de colaboración es promover la cultura de la legalidad en México, favorecer el acercamiento de los ciudadanos y la policía, reducir las situaciones de riesgo para los jóvenes, e identificar formas de colaboración entre actores públicos y privados para promover la seguridad.  Las acciones han sido muchas, principalmente desarrolladas entre EEUU y la Subsecretaría de Prevención y Participación Ciudadana de la Secretaría de Gobernación. Por ejemplo, EEUU ha ayudado a que se impartan cursos de cultura de la legalidad a cerca de 800 mil estudiantes cada año (Finklea y Seelke 2016).

Área de colaboración #5: Coordinación para prevenir el terrorismo.  Esta área de colaboración tomó forma a partir de los atentados sucedidos en EEUU el 11 de septiembre del 2001. EEUU requería de manera urgente una colaboración en términos de inteligencia para prevenir posibles ataques futuros que se pudieran gestar desde el territorio mexicano. A partir de esto, la relación en materia de seguridad entre ambos países ya no se enfocó solamente en el combate al tráfico de drogas si no también a la prevención del terrorismo (Arzt, 2010).

La intención de esta área de colaboración es, por el lado mexicano, resguardar de la manera más eficaz su territorio para evitar que grupos fundamentalistas, ligados al terrorismo internacional, desarrollen un ataque en contra de EEUU, y hasta el momento ningún ataque terrorista se ha gestado desde México. Se han implementado muchas acciones en esta materia, en su mayoría comandadas por el Departamento de Seguridad Interna de EEUU (Homeland Security)  y el Centro de Investigación y Seguridad Nacional de México (CISEN). Después de los ataques del 11 de septiembre, ambos países fortalecieron sus fronteras con más personal y mejor tecnología de vigilancia. Además, existe un protocolo a partir del cual se puede detener e interrogar a migrantes no mexicanos que accedan a EEUU por México (Priest, 2013).

  1. ¿Cómo debe ser la relación entre EEUU y México en 2024 y cómo lograrlo?

Si bien las cinco prioridades de colaboración en materia de seguridad entre EEUU y México han proveído de una amplia gama de actividades binacionales, lo cierto es que queda mucho espacio para mejorar. Una mejor relación entre ambos países no debe sólo ser efectiva en las cuatro áreas anteriormente mencionadas, sino debe ser una relación entre iguales, dos países con el mismo nivel de compromiso y responsabilidad. Es decir, no debe de ser, como lo es actualmente, una relación entre un país que da recursos y otro que los implementa, sino una en la que ambos países implementan medidas propias para ayudar al otro. En 2024, queremos una relación se vaya mucho más allá de que EEUU provea recursos y México los utilice para mejorar su infraestructura de frontera y sus procesos de impartición y procuración de justicia.

Para lograrlo, será necesario que ambos países tomen medidas claras en al menos cinco aspectos.

Recomendación #1: Ampliar colaboración entre EEUU y México fuera de estados de frontera. La gran mayoría de los recursos destinados a la prevención y contención del crimen de la Iniciativa Mérida han sido destinados a unas pocas ciudades como Tijuana, Monterrey y Juárez. En el largo plazo, ello generará una desigualdad en la calidad de las instituciones de justicia y, por tanto, la migración de grupos criminales a zonas donde, debido a su marginalidad, podrán incluso llegar a ser más difíciles de atacar. Un ejemplo de ello es Veracruz, un estado que no se ha beneficiado de la colaboración entre EEUU y México, y en donde grupos criminales como Los Zetas han migrado recientemente. Ambos países deben reconocer que la ayuda de EEUU no debe continuar sesgada hacia ciertas zonas, y no hacia otras, sino que se democratice. Se debe poner particular atención a los estados sureños que contendrán Zonas Económicas Especiales, ya que el comercio legal se detonará en ellos y por tanto, se volverán más atractivos para los grupos criminales.

Recomendación #2: Definir las reglas del juego con respecto al comercio de marihuana legal entre ambos países. No queda duda de que en pocos años el consumo de marihuana será legal, al menos de forma medicinal, en casi todo EEUU y en México. Justo ahora el Congreso mexicano ha comenzado una serie de discusiones para determinar, en conjunto con expertos y académicos, los mejores mecanismos para permitir el consumo de la substancia en México. Ambos países deben prepararse para sostener la siguiente discusión: regular comercialización y producción. Ello es importante porque una buena política de comercio entre ambos países podría incrementar el número de empleos agrícolas en México, pronunciando la tendencia negativa que ha experimentado la migración ilegal a EEUU en los años recientes (Pew Research Center, 2015). Asumiendo, conservadoramente, que la producción de mariguana incrementaría 10% el número de empleos requeridos en la agricultura, la industria generaría 35.7 mil empleos formales. Ello significa que, al momento de su creación, la industria de la mariguana se convertiría en el cuarto sector económico con mayor generación de empleo formal de México (Ríos 2015). Los números podrían ser incluso más altos si consideramos empleo informal. Al momento, cerca de 5.4 millones de personas laboran de manera informal en la agricultura, lo que significa que un aumento de 10% en el empleo informal agrícola representaría 540 mil empleos más para México (Ríos 2015).

Recomendación #3: Profesionalizar el sistema de justicia de ambos países, a un mismo nivel, a fin de que puedan colaborar. Una de las razones fundamentales por la que las autoridades de seguridad mexicanas y estadounidenses no colaboran es por su enorme diferencia en términos de profesionalización. Las policías mexicanas son menos profesionales que las estadounidenses lo cual impide que ambas fuerzas se comuniquen y trabajen de manera conjunta. La forma más efectiva para profesionalizar la policía y los ministerios públicos mexicanos es la creación de un servicio profesional que incentive y de certeza a los funcionarios. Mejorar las condiciones laborales de los policías, dándoles mejores horarios y más capacitación, así como las de los ministerios públicos, proveyéndoles de instalaciones y salarios dignos, debe ser una alta prioridad para ambos países.

Recomendación #4: Desarrollo de tecnologías conjuntas para evitar el crimen cibernético. Siendo la información uno de los bienes que más ha aumentado su valor de mercado durante las últimas décadas, ambos países deben comenzar a trabajar de forma conjunta en crear protocolos de protección contra ataques cibernéticos. Así mismo, se deberá blindar la infraestructura física y digital sujeta de ser atacada en ambos lados de la frontera. Dado que EEUU tiene una gran ventaja en este tema, es recomendable que sean los estadounidenses quienes entrenen y fijen las pautas a seguir para México.

Recomendación #5: Facilitar los trámites para que la sociedad civil mexicana pueda acceder a recursos internacionales. Si bien EEUU y otras agencias estadounidenses ya han comenzado a brindar fondos a organizaciones civiles mexicanas, estos fondos han sido difíciles de obtener y demasiado burocráticos. La gran mayoría de la sociedad civil carece de los recursos humanos necesarios para poder colaborar con organizaciones como USAID ya que ello implica muchos trámites, contabilidad y procesos. A razón de ello, la mayor parte de los recursos siempre fluyen hacia un número limitado de organizaciones. Es importante considerar que, una reducción en la cantidad de procesos que se requiere para obtener los fondos, podría ampliar la capacidad de la sociedad civil mexicana para actuar.

  1. Conclusión

La relación entre México y Estados Unidos en materia de seguridad ha tomado varias formas y tenido distintos enfoques a lo largo del tiempo, yendo desde políticas enfocadas principalmente en seguridad comercial, hasta un enfoque más reciente en seguridad nacional.

Actualmente, la relación entre ambos países se centra en cinco aspectos:  (1) fortalecer el sistema de justicia mexicano (2) eliminar a los grupos criminales organizados, (3) crear infraestructura fronteriza para tener una frontera inteligente,  (4) prevenir del crimen, y (5) el anti-terrorismo.

Aunque en cada uno de estos aspectos ha tenido avances importantes y se ha visto traducido en implementaciones puntuales, aún queda mucho por hacer. La relación que queremos ver entre EEUU y México para el futuro cercano, digamos 2024, es una en la que ambos países hayan logrado establecer una relación igualitaria, no una en donde EEUU brinde recursos y México implemente.

Para lograrlo, es necesario mejorar la forma en la que EEUU está distribuyendo sus recursos actualmente, y agregar algunos temas prioritarios a la relación bilateral. Particularmente, se recomiendan cinco aspectos: (1) ampliar apoyos fuera de estados de frontera, (2) comenzar a definir reglas claras para el comercio de la marihuana, (3) profesionalizar los cuerpos policiales y ministerios públicos de ambos países, a un mismo nivel, a fin de que puedan colaborar, (4) desarrollar de tecnologías conjuntas para evitar el crimen cibernético, y (5) facilitar los trámites para que la sociedad civil mexicana pueda acceder a recursos internacionales.

La discusión e implementación de estas cinco medidas permitirán generar una mejor y más efectiva relación entre EEUU y México, una relación que construya una frontera más segura que beneficie a los habitantes de ambas naciones.

Referencias

Finklea. Kristin y Seelke, Clare Ribando. “U.S.-Mexican Security Cooperation: The Mérida Initiative and Beyond” Congressional Research Service 7-5700. 15 de enero de 2016.

O’Neil, Shannon. “Two Nations Indivisible: Mexico, the United States and the Road Ahead.” Norteamérica 8.2 (2013): 195-199.

Olson, Eric L. “Merida Funding for Mexico” Mexicio’s Security Review, 2016. The Wilson Center for International Scholars. 21 de enero de 2016.

Ríos Viridiana. How Government Structure Encourages Criminal Violence: The Causes of Mexico’s Drug War. Doctoral Dissertation, Harvard University’s Department of Government. Diciembre 2012.

Ríos, Viridiana. “El empleo que la mariguana generará” Excélsior. 8 de noviembre de 2015.

Rodríguez Ferreira y David Shirk. “Criminal Procedure Reform in Mexico, 2008-2016” Special Report. Justice in Mexico. University of San Diego. Octubre de 2012.

Seelke, Clare. “Supporting Criminal Justice System Reform in Mexico: The U.S. Role” Congressional Research Service 7-5700. 18 de marzo de 2013.

Shirk, David. “An Overview of U.S.-Mexico Border Relations” in The Anatomy of a Relationship: A Collection of Essays on the Evolution of U.S.-Mexico Cooperation on Border Management. The Mexico Institute, Wilson Center. 25 de noviembre de 2015.

Shirk, David. “Police Reform in Mexico” Mexico’s Security Review, 2016. The Wilson Center for International Scholars. 21 de enero de 2016.

Wayne, Anthony y Chris Wilson. “The “Bridge to Nowhere” Connects the United States and Mexico. Border Security, The Mexico Institute. 5 de febrero de 2016

Arzt, S. (2010). US-Mexico Security Collaboration: Intelligence Sharing and Law Enforcement Cooperation. SHARED RESPONSIBILITY, 351.

Pew Research Center. (2015). More Mexicans Leaving Than Coming to the US. línea] http://www. pewhispanic. org/2015/11/19/more-mexicans-leaving-than-coming-to-the-us.

Priest, D. (2013). US role at a crossroads in Mexico’s intelligence war on the cartels. The Washington Post27.

 

 

[1] En el año fiscal 2014, 5.5 millones de dólares fueron retirados del paquete de colaboración por considerar que México no estaba avanzando en el cumplimiento de los derechos humanos de sus ciudadanos (Finklea y Seelke 2016).

[2] El Chapo Guzmán fue capturado en 1993 y se fugó del penal de alta seguridad en 2001. Fue capturado de nuevo en 2014 y se fugó nuevamente en 2015. Cuando en 2016 fue capturado por tercera vez, las autoridades mexicanas comenzaron a discutir la extradición a EEUU, en parte porque una tercera fuga sería devastadora para su credibilidad.

[3] Entre los cambios que esto implica está la realización de juicios orales, la creación de mecanismos alternativos al juicio para resolver conflictos legales como mediación y negociación, la implementación de una más clara división de funciones entre el juez y el ministerio público, y la ampliación de las facultades de investigación de la policía (Rodríguez Ferreira y Shirk 2015).

[4] La colaboración en esta área también puede sentirse en materia de entrenamientos. El Departamento de Seguridad Interna de EEUU (Homeland Security) ayudó a crear una academia de entrenamiento de oficiales aduanales en México, a fin de que se puedan profesionalizar las revisiones de mercancías que entran a México y ha dado entrenamiento en actividades de investigación a las autoridades mexicanas (Finklea y Seelke 2016).

 

EL PROYECTO

El proyecto Re-imaginando las relaciones México-Estados Unidos: del presente al 2024 de la red Estados Unidos-México en la Universidad del Sur de California está diseñado para presentar un análisis general de varios temas críticos y relevantes a la relación entre México y los Estados Unidos: una introducción general al tema, su estado actual, una proyección para el 2024 y los pasos necesarios para alcanzarla.

 

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